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24 de enero: Día Mundial de la Educación - Marichoni

“Una prueba de la acertada

intervención educativa es

la felicidad del niño”

M. Montessori



        Es tal la importancia de la educación que el mundo dedica un día para celebrarla, el 24 de cada enero.


    Sí, la Educación. Cuántos pensadores, a través de tantos años, han concluido que por medio de la educación se cambiaría al mundo, esa revolución pacífica, pero que no siempre es tan pacífica.


    Sin embargo, esto parece que no ha permeado lo suficiente, porque no se percibe el cambio en el mundo, los errores del pasado se ven en repetición, a veces de manera más sofisticada. Pero hay que seguir insistiendo.


    ¿A qué se llama educación, esa acción que se asemeja a una revolución? Hay tantas formas de entenderla y tantas definiciones sobre ella, que resulta difícil identificar lo que realmente es. Sin embargo, yo la veo como la oportunidad de intervenir en el proceso de desarrollo de una persona con la intención de que aflore todas sus capacidades y logre las habilidades que desee.


    Hace sesenta años me dedico a la educación y en este tiempo ha habido tantos cambios, no sólo en mi entender sino en mi práctica concreta.


    Cada día entro a mi salón de clases, allí me esperan veintinueve niños, recién bañados, (ojalá), que creen que lo que les puedo ofrecer, les servirá para construir su vida.  No lo sé, eso no queda tan claro en mi plan de trabajo, pero sí es una premisa que no suelto en todo el día.


    Recurriendo a conocer y tomar consciencia de la realidad y las condiciones que rodean nuestro diario vivir, presento a los alumnos las tareas a cumplir, sé que éstas están enfocadas por lo que tienen que lograr para aprender a vivir y por lo que es cultura acumulada y conviene que conozcan, a veces esto no es tan preciso, ya que no somos capaces de llegar a todos los rincones de ese conocimiento y nos quedamos sólo en los alrededores. Pero siempre lo tomo en cuenta.

  

  Cuando escucho las necesidades que hay que cumplir para llegar a la premisa de Montessori, la felicidad del niño, surge la preocupación entre lo que está requerido y lo que se ve como indispensable.


    Cada día parece que cambian las condiciones y por lo tanto cambian también las necesidades y hay que hacer una reflexión, tal vez un ajuste, una modificación, una jerarquización y un cambio.


     Pero lo que sí espero es que los niños nunca se vayan en blanco e intento que juntos, a nuestro pequeño nivel, podamos concluir que lo que aprendemos tiene que ser para transformar el mundo.    

 

    Y para ello hay que lograr la autonomía en cada niño, llevarlos al ejercicio de la verdadera libertad; situación que no siempre resulta fácil, a veces sus padres, que ahora se mantienen un poco alejados del hogar por la urgencia del trabajo, compensan dándoles cosas o impidiéndoles el esfuerzo que siempre tiene un elemento educativo para vivir, por ello para mi entender, el camino es el trabajo, el esfuerzo y la acción personal y colectiva.


    Al lema de “aprender a aprender” yo quiero agregar: “aprender juntos” porque lo que no ve uno lo puede descubrir el otro. Esa es la intención y la experiencia para que, la misma situación se pueda aplicar a la vida Sí, Educación se ve como una revolución pacífica, aunque ya dije que no es tan pacífica, a veces hay que hacer la lucha, para no decir la guerra, al sistema, a la indolencia, al abandono de lo esencial, para hacer lo necesario, lo que trasciende y nos pueda llevar a lograr la intención de nuestra búsqueda, lo dijo ya María Montessori: la felicidad del Niño y la Niña y, por consecuencia, la felicidad del Hombre y la Mujer.



Ilustración: Fotografía del archivo de la propia autora.

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