Huellas del pasado - Alicia García Castelazo


Por la ausencia de nuestra madre, mi papá indicó que viviéramos con los abuelos; mis hermanos con la abuela paterna y mi tío, yo con los abuelos maternos.


Nuestra educación fue de una generación anterior, así que los recuerdos más antiguos se reflejan en las pláticas de los abuelos y su memoria.


En casa, esa memoria son objetos que para mí constituyen mis tesoros.


Mi tesoro más antiguo es una pintura de El Corazón de María, que se encuentra en nuestra familia desde el año 1840 aproximadamente, de un metro por un metro. La historia trasmitida cuenta que fue el regalo a mi tatarabuela por parte del padrino de mi bisabuela. Probablemente el pintor poblano de apellido Caro igual que mi tatarabuela. Pintura interesante pintada directamente sobre el lienzo sin ninguna imprimatura. Desde pequeña la he contemplado en la sala de la casa de mis abuelos. Ahora en casa le platico, rezo o nada más la contemplo.




Otro tesoro de la familia de mi abuela materna, es un libro de partituras empastado en piel hoy decolorada por los años, que lleva escrito en la portada con letras doradas “Para Elisa”. Elisa el nombre de mi bisabuela. El libro fue un regalo del Romancero, poeta y escritor poblano. En la primera hoja tiene una dedicatoria con hermosa caligrafía.


Incomparable Elisa,

Conserva V. estas páginas del corazón. Para seres sensibles que comprenden las emanaciones de un dulcísimas y puras de un alma como la de V. ellas encierran una historia de lágrimas con el más intenso dolor en armonía con el sentimiento. Para los seres vulgares es un libro insignificante, qué sino quita el hastío, entretiene y divierte las horas cansadas de la existencia. Nada valen más si V. las llegara a interpretar, será el único premio que a V. le pide el último y más humilde de sus esclavos.

El Romancero.

La música es de Jacinto Villanueva.


Otro muy amado tesoro, es el piano. Cuentan que el abuelo fue a Veracruz a recibir el piano que se había enviado desde Alemania. Fue el regalo de mi abuelo para mi abuela al cumplir el primer año de casados.


Mi madre me enseñó las primeras notas en ese hermoso piano; desgraciadamente por azares del destino se rompió conmigo la tradición, mas no el amor a la música.


Hoy se encuentra en la casa de mis nietos, estudian y aman el piano de su tatarabuela. Cuando voy de visita lo saludo y se me llenan los ojos de lágrimas, compañero de mi infancia en casa de mis abuelos.



Mi abuela ya anciana, cuando se ponía a tocar el piano, parecía que sus manos volaban sobre las teclas. En las tardes al llegar de trabajar mi tía, hermana de mi mamá se ponía a tocar el piano y mi abuela la corregía. Mi abuela tocaba en la mañana, lo último que recuerdo es un estudio de Chopin, con muchos arpegios, para mí dificilísimo.

Mis tesoros me hacen recordar mi origen y sentirme orgullosa de mis ancestros


La familia de mi abuela materna me heredó el amor por la música cuando veo el libro de partituras me imagino a mi bisabuela tocando en las tertulias que se acostumbraban en ese tiempo.


De la misma familia tengo una carta de Porfirio Díaz cuando era presidente de la república con fecha de 1888. En esa carta se le otorga una pensión de viudez a mi tatarabuela Ana Jurado, esposa del capitán Juan N. Caro Saviburu, mi tatarabuelo. El documento ya está muy borroso uno de los sellos dice 20 de mayo de 1878 asentado en el Libro de la Deuda Nacional.


Acabo de encontrar en un librero unos pequeños libros empastados en piel ya decolorados. Es una novela, Matilde o Memoriasuna novela sacada de la historia de las cruzadas. Escrita en francés por Madama Cottin.


Méjico.

Librería de Galván portal de Agustinos num. 3 fecha 1832.



Ilustración: Archivo fotográfico de la propia autora, Alicia García Castelazo


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