Mi hija me había invitado a comer, Nos dirigíamos a su casa rumbo al puente de Luis Cabrera. – Mira!!!- Mamá, no puedo, voy manejando, ya vamos a dar vuelta en el puente. Y ¿qué quieres que vea? – algo Insólito! En la banqueta de la lateral está sentado un gigante llorando. - Regrésate a ver por qué llora. –Mamá, tú y tus cuentos, después me vas a decir que los duendes tocan la flauta en el fresno y no el mirlo tempranero.
Ante mi insistencia tomó el puente y regresó al periférico dirección sur. En el primer retorno volvió al periférico norte y fuimos a buscar al gigante para preguntarle por qué lloraba. Al llegar junto a él, vimos su cara con enormes lágrimas, y le pregunte: ¿POR QUÉ LLORAS?
Bueno éste es otro cuento…
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