Lencho, Chochencho, Chencho - Carmina Hernández Encarnación

¡Canijo negro! eras pequeñito y chillón cuando te conocí. Estabas metido en una jaula para pájaros, hermosura negra con unos pequeños toques blancos, en patitas, pecho y axilas.
Fue amor a primera vista, dijimos que nosotros nos podíamos quedar contigo. Te habían llevado de la ciudad de México al rancho, donde la intención era que ahí te quedaras.
Ya en el auto al regreso, venias chillas que chilla, inquieto como una lombriz porque querías estar cerca del que manejaba. Desde que se vieron el chofer y tú negrito hermoso, le chillaste a él, lo buscaste a él y te acurrucaste en él. Fuimos a comprarte croquetas, eras tan pequeñito, que cupiste en mi bolsita de mano.
Así que de inicio te fuiste con el que manejaba el auto, luego yo entre al quite. Eras puntual y demandante en la comida. Y poco a poco te fui amando. Me gustaba acariciarte y en algunas ocasiones cargarte. Te fuiste haciendo callejero y machín. Por las noches y madrugadas se escuchaban los maullidos del jolgorio y pelea que armabas.
Tuviste varias cicatrices de esas batallas y alegres tertulias. No permitías que criatura alguna entrara en tu territorio. Aunque algunas veces te vi, que permitías que otros vinieran a comer de tu plato. Te paseabas a media calle, como todo un señor.
Muchos de los de tu especie, cayeron en batallas desiguales, con sendos mastines.
Estos perros eran sacados a altas horas de la noche, eran como cinco y se dedicaban a atacar sin piedad a gatos vagos como tú. Pero no tan hábiles y fueron presa de ellos.
Tenías una vida de rey, llegamos a pensar que tendrías otros hogares, donde seguramente te consentían como nosotros.
Aquí en casa se fueron yendo varias de las mascotas que estaban cuando tú llegaste.
Pus´ te fuiste metiendo en mi corazón negrito lindo. Te veías invencible estabas bien dado, con agilidad para brincar, agudeza visual e instinto.
Bien sabias que iría a la ventanita donde te servía de comer. Te acariciaba y tú correspondías dejándote y tallándote en mi mano.
Llegó la hora de irte al paraíso gatuno. donde serás libre.
Te reencontrarás con muchos de tus amigos trasnochadores y muchas de las chicas que vivieron aquí: Clarita, Roberta, Bombay, que fueron presas de esos malvados perros. Mi corazón seguramente se ha ensanchado con tantos amores.
Te quiero gatito negrito lindo. ¡Buen viaje Lencho!
Ilustración: Fotografía del archivo de la propia autora




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