Mi abuela me enseñó a ser abuela - Marichoni



Recuerdos, por un lado, mirando hacia arriba, a quien se movía llena de sencillez y sin prisas, caminando por la Colonia Roma Sur con sus casi ochenta y siete años, con un sentido claro del compromiso asumido hacia tres generaciones posteriores a ella, que la contemplábamos como haciendo apuntes en la mente y en el corazón para cuando llegara el momento de llevar ese título honorario: abuela.


Y llegó quien me lo dio, quien me dijo: así te nombrarás de aquí en adelante y en ABI se convirtió aquel título alcanzado por haber tenido la bendición de cinco veces dar la vida a quienes después, en voz de sus hijos, me coronarían como Abi.


Sí, hubo un principio y, una vez que se pudo repetir por otras doce veces hasta completar el mágico número trece.



Y entonces saqué esos apuntes hechos por observación, enriqueciéndolos con nuevas formas de decirles a esa trecena: eres un amor que no puedo describir, te amo porque eres tú. Sí, a cada uno y a todos a la vez.


Ninguno me ve caminando como yo vi a mi abuela, porque viven regados por el extenso mundo, pero me escuchan y me ven por esos medios que yo bendigo, porque puedo escuchar y mirar lo que no puedo abrazar. Las palabras adquieren grandeza y quiero que expresen lo que traigo en mi corazón.

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