Tincito Rayado - Gabriela Garza Muñoz



El tiempo pasaba sin suceder gran cosa hasta que un buen día, Tincito Rayado, el calcetín amaneció con un huequito profundo en el corazón: estaba en el bote de ropa sucia solo, muy solo. Largas lágrimas le rodaban por sus costuras de algodón. No sabía con certeza porqué pero su par, había desaparecido en el misterio de los ciclos de la lavadora.


E inició la búsqueda para llegar al fondo del asunto.


Pidió consejo al viejo tendedero: ¿Señor tendedero qué puedo hacer?.. -Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, es muy fácil…Sigue el fuerte olor que desprende


Tincito Rayado, siguió los olores suaves y aromáticos del jabón que desprendían perfumes de flores y que le prometían un buen lavado para quitar manchas y otros olores de pies sudorosos que incomodaban a los zapatos….¡Bleag!


Todo era inútil, estaba ante el peligro de ser una especie en extinción


Después fue a visitar al gran costurero: … ¿Señor costurero qué puedo hacer?.. -Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, es muy fácil… Sigue los hilos de colores que veas tirados por el piso


Tincito Rayado, rastreó las alfombras de recámaras y las losetas de los pasillos. Encontró varios hilos finos que le ofrecieron tejer un nuevo calcetín y otros de madejas que armaron líos con las agujas para que todo fuera un caos.


Todo era inútil, estaba ante el peligro de ser una especie en extinción


Entonces fue al armario y pidió apoyo:..¿Señor armario qué puedo hacer? -- Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, es muy fácil…Sigue la ropa y ordena los cajones-


Tincito Rayado, descubrió varios secretos de amores guardados entre las camisas y playeras, mientras que entre vestidos y pantalones sólo había pleitos.


Todo era inútil, estaba ante el peligro de ser una especie en extinción Dando vueltas, vueltas, y vueltas….. hasta que allá al fondo del ropero oyó una voz…. era una hada chiquitiiiiita que decía cosas rarísimas:

- Piensa cosas que te hagan ser único -


Tincito Rayado pensó y pensó y nada se le ocurría…. Hasta que de pronto, sintió que su huequito profundo en el corazón se iba llenando, llenando y llenando hasta convertirse en un guapo títere de calcetín para contarle historias a los niños.


Ilustración: de la propia autora, Gabriela Garza Muñoz

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