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En la euforia del mundial - Marichoni


Juega con pasión

Participa con orgullo


        Desde muy pequeña, escuchaba a mí mamá, sentada frente al televisor, dando de gritos frente a cualquier partido de fútbol, veía todos, aunque su equipo era el América, aquel equipo en el que su amigo Pepe Sota, la había incluido, entre los aficionados, a ese equipo en el que él participaba con sus hermanos.


    Nunca perdió la afición, mi papá, menos eufórico, la veía divertido, la más hincha era ella. Más tarde, mi único hermano varón, el quinto de nuestra familia, desde pequeño, absolutamente futbolero, tenía su cuarto lleno de los banderines de todos los equipos, nacionales y extranjeros de la época, que coleccionaba y colocaba en las paredes de su habitación, y allí volví a preguntarme ¿qué ofrece el fútbol que es una pasión?


    Cuando empecé a ser maestra de solo varones, descubrí en los niños su pasión innata, casi desde la cuna, y volví a preguntarme qué significaba ese juego, ese patear balones con el entusiasmo percibido de: casi me va en ello la vida.


    Con el tiempo, cuando tuve tres hijos varones, con solo una diferencia de dos años once meses entre los tres, afirmé mi percepción, el fútbol era pasión y fiesta, afición y anhelo de triunfo para ellos.


    Los recuerdo en una final del colegio, uno de ellos en un equipo y el otro en el equipo contrario, disputándose el triunfo y, para colmo, el otro hijo era el árbitro, yo, en uno de los barandales, con el corazón latiendo al máximo, entendí: esto es la pasión del fútbol.

    Eso me motivó a reflexionar y tratar de responder la pregunta que desde pequeña me hacía ¿qué ofrece el fútbol que es una pasión?


    Y con esa pregunta y en actitud de observación, volví a descubrir en los nuevos alumnos y, ahora, de las alumnas, esa pasión, ese impulso de vida. Me contagiaron tanto que empecé a jugar con ellos, por supuesto a mis más de ochenta años y por meter un gol, me caí y, lógico, en esa edad tan avanzada, fractura de cadera y necesidad de prótesis, habrase visto semejante locura. Pero creo que ya iba en camino de descubrir la respuesta: ¿qué ofrece el fútbol que es una pasión?


    En esas semanas de convalecencia logré descubrir eso que tanto me intrigaba y he logrado obtener algunas respuestas que aquí comparto:

·         El fútbol, a pesar de todo, une los corazones.

·         Como trabajo de equipo, enseña sobre el respeto a las reglas, a las decisiones de la autoridad (el árbitro en este caso)

·         Enseña a trabajar en equipo, en busca de un resultado que no se expresa en lo personal sino por el conjunto.

·         Se requiere de una visión de grupo porque el objetivo es el mismo para todos, ganar el partido.

·         Se trabaja pensando en la importancia de la acción de cada uno de los elementos que componen el equipo.

·         A veces se trabaja para que sea el otro el que luzca y se relativiza la búsqueda del ego personal.

·         Es medio de integración a otros que, pueden estar distantes y compartir el fútbol, los une.


·         Como parte de la educación de los niños, es valioso para ayudarlos a desarrollar la motricidad: controlar una pelota con los pies, calcular la direccionalidad de un tiro, visualizar la ayuda que se le puede dar a uno considerado compañero, aprender a respetar un reglamento, lo que prepara para aprender a convivir, reconocer el beneficio cuando cada uno hace su parte y ven todos en una misma dirección.


Tal vez haya muchas más explicaciones por lo que el fútbol es una pasión mundial, reconociéndome neófita en el asunto, esta es mi humilde reflexión, al ver lo que significa este nuevo mundial en el que por tercera vez escucho mi Himno Nacional en el estadio de mi ciudad.


    Creo que ahora tengo más respuestas a la pregunta: ¿qué ofrece el fútbol que es una pasión?


Y ahora, en la euforia del mundial, era indispensable estar en sintonía con lo que, por el momento, es el tema obligado a tocar.  



Ilustración: Fotografía de Franco Alani en Unsplash

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