Entre la Fe y la esperanza
La fe, base de esa
espera esperanzadora.

El tiempo tiene sus precisiones, difícil de entenderlas, imposible de modificarlas, Ni antes ni después suceden las cosas ni los proyectos ni los anhelos, cuanto menos las oportunidades a las que les hacemos un cálculo.
La vida a veces nos juega lo que creemos una mala partida y perdemos, de momento, aquello que pensábamos obtener en un tiempo previamente contemplado porque en ello habíamos depositado nuestra esperanza y tan solo no llegó.
No llegó cuando lo queríamos, no lo hizo cuando creíamos que era el momento adecuado, cuando sentíamos que lo necesitábamos, cuando nos parecía que era oportuno y, sin embargo, no llegó rompiendo, de esa manera, nuestra esperanza.
Pero como la vida sigue su curso, después de ello, se abre de nuevo el camino, de momento, parece no ser el elegido, pero y ¿si ese fuera el preciso, el conveniente y el tiempo adecuado? Tal vez… no sabemos, no está frente a nuestro presente con sus consecuencias y todo.
Solo la fe nos hace cruzar la puerta de entrada a ese sendero aparentemente no deseado y tomar una decisión no prevista, porque solo puedo actuar ante lo que es real y no me queda de otra más que seguir adelante, aceptar sin mayor reparo, construir de nueva cuenta y, a pesar de los sentimientos de rechazo, recuperar la esperanza.
La fe renace y lo hace para reconstruir proyectos, anhelos y aceptar lo posible y volver a desear lo que creía perdido, no sin antes hacer el gran esfuerzo de poner en juego la fortaleza indispensable para darle cabida otra vez a la esperanza,
El tiempo hace lo que quiere, desluce lo que parecería brillar y ocurre de repente, parece que la respuesta es el nunca. Pero esto tampoco dura, no dura para siempre y logramos entender los porqués y paraqués como hilo de madeja desenredado.
Aparece de nuevo la luz y renace la esperanza ¿por cuánto tiempo? Quién sabe. La fe dice que se puede borrar el nunca y reescribir el siempre.
Un: siempre habrá otra oportunidad porque muchas veces he escuchado que la fe mueve montañas, en otras se ha dicho que, si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a donde está Mahoma con la esperanza de encontrarlo.
Eso me toca, recobrar la esperanza que la fe inspira, porque el tiempo ni me hace caso ni me ignora.
Tendré que concluir que; ese no era mi tiempo, no era lo conveniente, pero eso era en el antes, en el ahora puede que suceda aquello que tanto anhelo. Por ello renuevo la fe y la esperanza para enfrentar y entender el tiempo del tiempo en la oportunidad de cada circunstancia.




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