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Escribir para testimoniar - Marichoni

10 minutes ago
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La vida debería ser como

un calendario, cada día

se debería arrancar una

página para escribir

 sobre otra en blanco

Lucía Etxebarría


    Siempre hemos dicho que hablar es solo una acción posible para los seres humanos, sin embargo, yo he descubierto que las cosas hablan, las situaciones tienen significado y hay que descifrarlas, los gestos de las personas son lenguaje vivo y dan mensaje, lo que nos gusta o nos disgusta también son medios que hay que interpretar y descubrir el sentido que guardan en ellos mismos.


    Todo a su estilo nos hablan. Y, que decir del calendario, de ese conteo del tiempo en el que cada día nos fijamos, a veces tenemos un ejemplar frente a nosotros y nos sirve para señalar en él lo que queremos recordar, lo que es importante tener presente. Nos habla con un lenguaje tan florido que lo hemos diseñado de diferentes formas y todas las culturas le han dado código para no olvidar hechos que necesitamos que no sean borrados.


    La observación de los cambios ha permitido a todas las culturas, desde las más antiguas, hacer un registro del tiempo y crear un calendario. Los babilonios y los egipcios supieron calcular exactamente la vuelta al sol que da la Tierra por ese periodo que llamamos año, para ver repetirse las condiciones con tal exactitud que ahora tenemos muy bien registrados cuántos días habrán pasado desde mi último cumpleaños y cuántos días faltan para esa celebración tan esperada. Por ello ese registro de acontecimientos que, a partir de recuperarlos en forma de escritos o dibujos, son formas de no perder el pasado.


    Sí, siempre hemos dicho que hablar es un acto profundamente humano, pero escribir requiere ejercer ese sentido que nos hace acercarnos a veces al anhelo y otras al obligado acto de dejar un testimonio de nuestra presencia, de nuestro paso, de esa construcción de un tramo del camino por el que también recorren la vida quienes son contemporáneos y, tal vez más importante, para quienes vendrán detrás de nosotros y con ello podrán descifrarnos.


   Escribir es no perder la historia ni el presente. A veces, escribir sobre la vida y leer sobre lo que otros escriben le da sentido al tiempo. Eso permite permanecer y no desaparecer.


    Leer relatos es ampliar el mundo interno y, probablemente, provoque descubrir sobre lo que se desea escribir y dejar plasmado.


    Al escribir no nada más describo mi vida, lo hago porque he leído y ahora conozco, aprendo y me identifico con momentos de vidas ajenas, con realidades imprecisas, con sueños que muchas veces resultan comunes. Esa coincidencia me hace sentirme integrada y me invita a pasar a los otros, de los cuales algo me toca, el sentido que he dado a mi vida. Soy yo con otros.


    Porque después de leer lo que alguien pone en palabra escrita, le da extensión a mi vida y agranda el horizonte. Ya no es nada más lo mío, después de leer lo que otros han relatado, puedo escribir sobre algo más que, a veces ni siquiera he conocido, así como a mí me sirve de impulso, quizá alguien que tenga lo que yo escribo entre sus manos, podrá ampliar su mundo, a partir de ese relato, y así se forma una cadena inacabable.


    Cada quién decide lo que quiere dejar como testimonio, cada testimonio puede impulsar a otro a dejar huella como reflejo, cada reflejo, ahonda en el recuerdo que despierta y se hace presente para otros.


    Sí, que bello es arrancar la hoja anterior del calendario y que sirva como enlace a la nueva hoja que está en blanco. De esa manera la vida se entreteje y se conecta pasado con presente y el futuro tendrá su oportunidad, porque hay algo que le da soporte y lo proyecta hasta que se utilice esa última hoja en blanco de cada calendario.


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