Carta a mí misma - Verónica Maldonado

Hola querida nena,
Discúlpame por no verte, por no tomarte en cuenta, por no cuidarte como lo merecías.
Fíjate que creo que estuve muy ocupada tratando de encantar a otros, sonriéndoles, diciéndoles que sí voy, que sí quiero, ¡que yo estoy puesta! No sé cuando agarre esa manera de vivir.
No ha sido fácil ni bonito, más bien ha sido pesado. Muchas de las veces he estado aterrada o aburrida y ni siquiera me preguntaba: ¿qué estoy haciendo? Estaba entretenida en que no me olvidaran o me dejaran ahí…en el olvido. ¿Y tú? Ahí esperando a que te hiciera caso, yo como una seductora hacia afuera, te llame “latosa”. Qué insensible he sido.
Y tú, mi niña adorada, has sido arrastrada a muchas aventuras, a tres maridos y no sé cuántos novios, cuantas reuniones que no querías, trabajos que te chocaron. No me había dado cuenta de que estabas ahí.
Solita te llevé a películas de adultos que mas que buenas, eran deprimentes, otras tantas ni me esforcé en entenderlas. Ya con lo que hice de hacerte una adulta antes de tiempo, me brinqué la barda, abuse de ti. Perdóname chiquita.
Estoy atenta a ti, dejando el vicio de ignorarte, aprendiendo a ver qué deseas, a pesar de que esa pregunta es muy difícil de responder, es como si me preguntaran la formula de la bomba nuclear, ni siquiera sé qué quieres tú, cómo escucharte. Tener la paciencia de que respondas, por favor alza tu voz, ya estoy mirándote.
Tenme paciencia, lo que más sé hacer es no tomarte en cuenta, así que espera a que yo piense y de toda la vuelta, hasta caer en la cuenta que estoy otra vez dejándote atrás, o a un lado.
Mi intención es tomarte en serio, es muy importante tu sentir, tu pensar, tu opinión. Háblame, repela, grita si es necesario, pero no te quedes callada, no te resignes.
Me importas mucho.
Verónica
Ilustración: Fotografía de JEannifer Reazeur en Unsplash




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