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Las aulas abiertas - Marichoni

El colegio es un lugar donde

se puede aprender a pensar.



    Era el mes de julio y las aulas de la escuela se cerraron. Había terminado un ciclo que suponía desarrollo, crecimiento, aprendizajes, amigos, espacios de juego y encuentros tan cercanos que casi podían sentirse como en familia, para todos los estudiantes.


    Se requería dar la certeza de haber concluido lo que, a casi un año de distancia, había comenzado.


    ¿Cuántos de aquellos propósitos se habrían logrado? Tal vez, en algunos casos, muchos, en otros, no tanto. Todo depende de las diferencias que plantea la vida y que en la escuela se manifiestan porque allí se expresan de manera evidente.


    Al igual que las habilidades personales, los distintos procesos de crecimiento, se reconocen en una escuela.


    Esto sucede frente a los maestros o profesores, esas personas que tienen la posibilidad de describir para aportar, de observar para encontrar las diferencias y las potencialidades. Quienes, con otros ojos, acompañan el tiempo de estudio.


    Pero el tiempo pasa y ese cierre visualiza la oportunidad de volver a abrir las puertas del aula. Al hacerlo se percibe lo nuevo, lo sorprendente, nada es como era, ni los materiales ni las personas. Habrá que modificar los hábitos, al descanso es fácil acostumbrarse, pero esto ya se tiene que modificar, empiezan las prisas, las carreras, las apuraciones, el tránsito se complica.


     Pero ¿qué ofrece esa puerta abierta que hace que todo cambie? ¿qué el mundo adquiera un nuevo movimiento? La educación, esa acción humana que propicia la oportunidad de ayudar a sacar a flote todas las capacidades que tiene cada niño o niña que desee descubrirlas y acrecentarlas.


    El mundo adquiere una nueva manera de mostrarse tan solo porque los pequeños y los no tan pequeños se van a la escuela, porque abrirán las aulas que un día de julio quedaron cerradas y que, a  la llegada de los finales de agosto, tocando a la puerta, vuelve a permitirse la entrada no solo de alumnos sino de conocimientos, de aprendizajes, de encuentros y de amistades, de juegos y de nuevos conceptos que permitirán el crecimiento, el desarrollo y la expresión de toda la riqueza escondida muy allá en el interior de cada persona que va a la escuela, porque en ella no solo los pequeños aprenden y cambian, esos maestros o profesores, transforman no solo su forma de hacer el trabajo, cambia su espíritu, su conciencia y aprenden a la par de a quienes enseñan.


    Que sea todo lo bueno y grandioso lo que se encuentre en el aula de puertas abiertas.



Ilustración: Fotografía del archivo de la propia autora.

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