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De razones y leyendas en botellas legendarias - Jair Benavides Contreras


Antes del cambio de era más importante que ha habido en el mundo, en el tiempo antes del año cero, en la antigua Grecia, Teofrasto quiso indagar sobre la naturaleza de las corrientes marítimas y dio inicio así, sin pensarlo, al mito de las botellas náuticas mensajeras. Con la potencia de su intelecto llenó los ahuecados recipientes y puso mente, anhelos y dudas dentro de ellos. Jamás recibió la anhelada respuesta; y sin embargo, podemos fácilmente pensar que alguien sí recibió su mensaje, y como consecuencia se dio inicio así a esta leyenda.


Porque aunque no hay ninguna fuente oficial, ni registro histórico directo que relacione al polímata griego sucesor de Aristóteles con dicho experimento, su papel como pionero de los “mensajes en una botella” es indiscutible más de dos mil años después, y este mito tan humano es parte del imaginario colectivo tanto como el origen del antes y después que dio inicio a la era común.

 

Aunque en principio Teofrasto buscaba simplemente dar razón de cómo eran pergeñadas las corrientes del Mar mediterráneo, su ingenioso plan se convirtió en una manera de ensalzar la esperanza, y en símbolo de la búsqueda de conexión con el mar insondable de la conciencia más allá de lo humano y de lo cotidiano.

 

Y es que como bien apuntaba Tolkien, los mitos pueden reflejar verdades que se encuentran en el reino más allá de lo visible, en las esferas espirituales y sobrenaturales; así como la inteligencia del alma trasciende lo puramente material, los mitos trascienden la ficción para demostrar que la eternidad sí existe, y es entonces cuando aún el concepto de infinito, pareciere quedarse corto, ya que la imaginación no tiene límites… y sin embargo, nos pide a gritos que la limitemos, para no traspasar nuestra propia conciencia.

 

¿Qué te gustaría a ti, querido lector, que dentro de cien años alguien leyera por acción de la providencia debido a un fortuito encuentro con una botella mensajera tuya? ¿Y dentro de quinientos años tal vez?

 

Y sonará insensato y sin embargo es posible. En ese lapso de tiempo, sean cien, sean quinientos, un escritor pudiere fácilmente pensar que su producción artística haya sido ya olvidada y ni siquiera exista un anaquel digital que recuerde sus letras; pero un cualquiera que deja un mensaje aparentemente intrascendente dentro de una botella náutica, bien pudiere dentro del mismo lapso ser rememorado por haberse atrevido a soñar con lo absurdo y lo imposible. Vemos así, que el mito trasciende la potencialidad del intelecto y hasta del esfuerzo constante y riguroso, como si de algo vivo capaz de adaptarse a las circunstancias se tratase.

 

¿Sabemos acaso, si los mitos nos vivifican con su trascendencia, o más bien nos están acechando desde lo insondable para tomar vida a partir de nosotros?

 

Nuestras mentes, como los mitos, comparten la meta de conectarnos con algo más profundo que lo puramente físico, por lo tanto el mito pasa a situarnos no solo en el reino espiritual, sino en el reino onírico, pero de manera pública. Si alguna vez recoges un mensaje en una botella, procura, querido lector, estar abierto a vivir una aventura suigéneris; y si nada místico sucediere, tendrás aún así la capacidad de mitificarlo.




Ilustración: Fotografía de Scott Van Hoy en Unsplash

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