Hablar de amistad - Marichoni



Fue el tiempo que pasaste con tu
 Rosa lo que la hizo tan importante.
El Principito

Para hablar de la amistad quiero empezar por parafrasear al Principito: Sí, el tiempo pasado con las amigas es lo que las hace tan importantes. El tiempo, ese crono que no solo es lineal, de hora en hora, de día en día, sino el valor de cada hora, de cada día…

Nuestro ser, esencialmente social, requiere desde el inicio de la vida, hasta el final, de los amigos, de esas personas elegidas por similitudes, por coincidencias, por oportunidades.

Los parientes que son consanguíneos, cuando adquieren alguna de esas tres condiciones: la similitud, la coincidencia o la oportunidad, adquieren también su pertenencia a la amistad.

Un día cualquiera, como a todos esos días cualquieras, que para que dejen de serlo, se les asigna un contenido y en este mes de febrero, a uno de ellos se le ha dado por llamar el día del amor y la amistad, como si ambas experiencias tuvieran una fecha inicial y otra de caducidad, pero entremos en el juego y por ello…

Quiero dedicar estas letras a esas amigas de siempre, a las más recientes y a las que se siguen manteniendo en la cercanía del corazón a pesar de distancia o ausencia temporal y decirles lo que yo entiendo que se logra a través de la amistad:

Una oportunidad de compañía para ausentar a la soledad.

Un principio de aceptación para lograr cruzar el tiempo y permanecer.

Una presencia consistente porque en el momento que se da el olvido, deja de existir el amigo.

Una escucha oportuna, a veces sin respuestas, tal vez solo para dar paso a la comprensión.

Y vuelvo al tiempo, ahora para combinarlo con el servicio, para elegir por la amistad y darlo a la necesidad del amigo.

La reflexión compartida que la hace objetiva y la encuadra para ofrecer una respuesta más clara y constructiva para la vida, a veces impidiendo la posible escapatoria por una puerta que equivoca la salida.

Esa posibilidad de compartir la alegría, para dejar de lado, aunque solo sea de forma momentánea, la pena y el dolor, y así poder recuperar fuerzas para enfrentar lo que a veces desdibuja la sonrisa.

Un lenguaje que se convierte en común e inteligible aun cuando parecen ausentes las palabras, porque con la sola mirada se descubre algo de lo que vive la amiga en su interior.

Un obsequio inesperado que trae el mensaje de: he pensado en ti, estoy por si lo requieres…

Esa mano que acoge cuando se falsea el paso por la tristeza y a veces por el triunfo o la alegría. Ambos necesitan sostenerse para darle su verdadera dimensión porque tal vez los ojos estén llenos de lágrimas y hagan imprecisa la mirada, lágrimas que surgen lo mismo por dolor que por una gran satisfacción.

Esa acción de te escojo, te acojo y te presto el hombro, para cambiar la perspectiva y propiciar seguridad.

Y para concluir: un regalo en horas, risas en conjunto, acompañamiento, afecto, presencia, encuentro sin mayor explicación que el solo sentido de ser amigo.


Ahora sí FELIZ DÏA DEL AMOR Y LA AMISTAD.

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