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Las artes del ocio - Marichoni


“Quien no vive para servir,
no sirve para vivir”
 Teresa de Calcuta




Nietzche dice que “La ociosidad es la madre de todas las psicologías”


Stevenson y su “Isla del Tesoro” hace referencia a que la cualidad más importante del ocioso es su experiencia.


Bellinhausen dice que “el ocio es otro modo de usar la vida” y que “los demasiado laboriosos causan poca curiosidad y menos imaginación”.


Ahora me toca a mí y lo comparto como me sale del corazón.


Atendiendo a lo que sostiene Nietzche, se me ocurre decir: ¿Será qué los psicólogos se mantienen en el ocio mientras quienes los consultan viven agobiados por sus penas? ¿El ocio habrá servido para que ellos, los psicólogos, encontraran un quehacer?


Como también se dice que vivir en el ocio o vivir del ocio es otra manera de vivir, me pregunto ¿Será otra manera de vivir? Pues hay de ocio a ocio. El ocioso que vive de otra forma porque vive a la sombra del laborioso, el que se echa en la cama (y miren que me refiero en masculino) para vivir del ocio mientras su madre cocina, lava, va a hacer la compra y su abuela plancha, ordena el lugar, y el otro, el de la cama, está en el ocio, ¡vaya que sí vive la vida de diferente manera!


El ocioso que se anquilosa por no hacer nada y que lo que come lo engorda para que se justifique su inmovilidad… ¡Vaya que si es vivir diferente manera!


Sin embargo, ¿qué hay del otro ocioso que observa en el mundo actuar al laborioso, agobiado por el horario, teniendo que presentar resultados, defendiendo su puesto a partir de aceptar todo, incluso la explotación? Ese ocioso, ante tal panorama se rebela y desarrolla su creatividad y se convierte en artista, en muestra original, inédita y nunca vista, inventa y se vuelve laborioso. ¡Vaya paradoja!...


Y qué hay de aquel laborioso que lo que hace, lo hace por amor, sin ser ocioso, también se convierte en artista, también desarrolla su creatividad, también se mantiene ocupado, capaz de aprovechar el tiempo libre, de apreciarlo y de experimentarlo imaginativamente.


Y aquel que se siente ocioso y vuelca su tiempo, su esfuerzo y su arte en ayudar a los demás, en hacer algo que no le repercutirá pero que dará posibilidad a otros, ese sí que siga siendo ocioso porque ha descubierto la maravilla de servir.


Si, el ocio nos puede convertir el laboriosos, ¡Viva el ocio! Si el ocio es una bandera para el haragán, ¡Abajo el ocio!


Cada uno que elija lo que quiere hacer con la ociosidad. Que así sea. Yo elijo mantenerme cada mañana en el agobio de la actividad, pero en la tarde, en el ocio, empiezo a pensar cómo hacer mejor la laboriosidad de la siguiente mañana. Yo necesito tiempo de trabajo y ratos de ocio para hacer mejor mi trabajo.



Ilustración: Fotografía de victoria Tronina en Unsplash

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