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Un retrato de familia - Marichoni

Recordar es volver a vivir.


    Un retrato es esa fotografía que trasciende el tiempo y se puede enseñar como muestra de un momento específico, como ejemplo de un tiempo de la vida que queda impreso de alguna manera, como los antiguos vestigios, como las piedras grabadas de nuestros antepasados, como pergaminos hablantes, como formas de testimoniar la belleza de eso que vale la pena conservar, como elementos vivientes permanentes que se convierten en documentos de historia.


 

  Antiguamente, cuando la tecnología no había creado una cámara que pudieran recuperar momentos, lugares y personas, las familias, en la ilusión de quedarse para la posteridad, se mandaban hacer una pintura que los mostrara en su tiempo de esplendor.


    Tal vez por ello, toda familia que le dé importancia a trascender en tiempo, tiene una fotografía que la avala.


    En tiempos de mis abuelos, tanto para la familia de mi papá, los Uribe y Uribe, como para la familia de mi mamá: los Aranzábal Sánchez, los retratos de familia se hacía mediante una visita programada al lugar indicado por el experto fotógrafo, con un bello sillón de época, en el que se acomodaba a todos los integrantes. Esto era un acontecimiento, se ponían sus mejores galas y se emperifollaban para una vez obtenido el anhelado retrato, surgiera el orgullo que, como familia, querían dejar para sus descendientes, era una práctica periódica, así, el fotógrafo se escuchaba, dando instrucciones precisas, manténganse sin moverse, tiene que quedar perfecta, es el testimonio de su familia.



    Una vez lograda la fotografía, había que esperar a ver las pruebas y elegir la que, de manera más fiel, pudiera expresar la belleza y el tiempo en que había sido tomada.

    A los cuantos días regresaban para elegir, entre varias de prueba, la mejor y solicitar su impresión en papel especial para exhibirla en un lugar visible.


    Era un ritual y un momento mágico, era la forma de no desaparecer, de poder decirle a familiares y amigos, con diferente lenguaje, el orgullo del propio linaje.


    Pero el tiempo pasó y la fotografía avanzó, las cámaras se popularizaron y hacer retratos se convirtió en la afición común de tantas y tantas personas.


    Para mi papá fue uno de sus pasatiempos favoritos, cámara que surgía, veía la forma de adquirirla, lentes que le daban precisión y detalle a sus fotografías, el tripié para colocar la cámara. Así se convirtió en una de sus predilectas aficiones, y por consiguiente, nosotros, sus hijos y su esposa, sus principales motivos para retratar y probar la nueva tecnología que orgullosamente exhibía, ya no eran nada más las fotos, eran también los objetos con los que se tomaban las fotos.



    Pasábamos ratos incómodos para que él cumpliera su expectativa de perfección, no se muevan, ay, una de ustedes cerró los ojos, aguántense un poco frente al sol. Por supuesto que nos hartaba un poco la función. Pero qué emoción cuando aquel pequeño rollo era revelado y podíamos contemplar los retratos de familia tan anhelados.


     Mi mamá dejó este mundo en época temprana y sin previo aviso y recuerdo la ilusión de mi papá, después de perderla, al encontrar un rollo de fotografía sin revelar, y llevarlo al taller para su impresión, esperar los días para obtener las fotos y, su desilusión al comprobar que en ninguna estaba mi mamá.


    Sí, los retratos de familia también eran el medio para conservar a toda la familia, a pesar de la desaparición de alguno de sus miembros.


    Pero el tiempo volvió a cambiar las cosas y surgió la era digital, ya cualquiera con su teléfono puede, retener cualquier momento, a cualquier persona, hacer al día cerca de doscientas o más fotografías.


     Eso me lleva a preguntarme y a preguntarle a la nueva generación. ¿Habrá un aprecio de ese retrato familiar entre la multiplicidad que cada día realizan, fotografiando todo aquello que sucede? ¿Tendrán el aprecio de ese hermoso retrato de familia que se hacía como ritual? ¿En dónde guardaran los miles de fotos tomadas en cada ocasión?



    No tengo respuesta y quizá deje este mundo sin encontrarla, pero esa idea de conservar de retener, de no soltar momentos, acontecimientos, personas que son motivos de nuestro amor, de dejar testimonios que son historia, me hacen valorar el significado de lo que es un retrato de familia que nos ayuda a entender nuevamente nuestro constante anhelo de eternidad.


Ilustraciones: fotografías del acervo de la propia autora.

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