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Memoria en la piel - Alicia García Castelazo

13 hours ago
1 min read

Hoy mientras me lavaba las manos, las observé y recordé.

 

Eran unas manos blancas, pequeñas, de una niña subida en un banco de madera para alcanzar la tarja, donde se encontraban dos cazuelas con agua, una para enjabonar los trastes y otra para enjuagarlos.

 

Manos de niña que al salir de la escuela ayudaba a barrer con una escoba de popotillo que con la mano se abría como abanico.

 

Tardes felices cuando el abuelo traía hojas blancas y lápices de colores.  Las manos de la niña dibujaban caritas de niñas con grandes moños como los que les ponían a sus hermanas.

 

Pasaron corriendo los días, cambio de familia, y las manos pequeñas crecieron un poco. Ahora jugaban con la pelota, ahora jugaba con las teclas del piano e iba aprendiendo. 


También aprendía a bordar, a tejer a pintar.

 

Los años pasaron, ahora manejaban matraces, reactivos, microscopios. Alguna vez sus manos se quemaron con algún ácido.

 

Llegó el tiempo de madurar y llegaron muchos niños.  Las manos trabajaban intensamente arrullaban, lavaban pañales y ropa, bañaban, preparaban comida, y también jugaban, naranja dulce limón partido… y los pequeños tomados de la mano de su madre cantaban.

 

Llegó el tiempo de descansar y al contemplar sus manos arrugadas manchadas y felices.

Ahora pintan, escriben cuentos, tejen bufandas y gorros de colores para los nietos

Ahora tienen tiempo para dejar volar la imaginación y pensar que sus manos pueden ser muchas cosas: palomas, estrellas, nubes caprichosas…



Ilustración: Fotografía de NEOM en Unsplash

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