Recuerdos - Marichoni


Parafraseando a los 
Recuerdos de 
Marcelo Mastroniani



Recordar es volver a vivir no es solo una frase hecha, es una realidad que permite mantener presente esos acontecimientos que tanto significado le han dado a nuestra vida. Por ello:

Recuerdo cuando llegué por primera vez a casa de Rosita, mi querida maestra del Taller de Escritura autobiográfica y me citó antes de la hora de la clase a la que me quería incorporar.

Recuerdo cuando estaba en la Secundaria “8” y gané el 1er. lugar en las carreras de intersecundarios del D.F. fue un gran triunfo.

Recuerdo cuando me subía a los costales de maíz apilados en el patio de casa de mi abuela, en Orizaba, lo hice desde los cuatro años.

Recuerdo cuando fui con mis abuelos paternos a ver la película de “Violetas Imperiales”, y la de relleno era “Hasta que Perdió Jalisco”, allí me encanté con Jorge Negrete y nunca lo he sustituido.

Recuerdo el frontón de mis abuelos, servía para jugar y para celebrar cualquier evento familiar: Primeras Comuniones, fiestas de cumpleaños y Bodas.

Recuerdo mi primer grupo como maestra en el Fray Juan de Zumárraga, acabo de iniciar mi grupo cincuenta y nueve, me gusta lo que hago.

Recuerdo el nacimiento de mi primer hijo, no cabía de felicidad, lo volví a hacer otras cuatro veces.

Recuerdo la primera vez que solicité trabajo, tenía sesenta y dos, los otros trabajos me habían caído del cielo.

Recuerdo mi casa de las Águilas, adelgacé cinco kilos cuando la vendí y la tuve que dejar.

Recuerdo cuando se fue el segundo de mis hijos que fue el primero que dejó la casa en busca de nuevos horizontes, se me rompió el corazón, cuando salieron los otros tuve que recoger los pedazos dispersos por el suelo del nido que habían dejado.

Recuerdo cuando nació mi nieto número trece, de manera prematura, me vi muy preocupada, ahora ese verdadero torbellino me llama o me escribe tres veces al día.

Recuerdo a ese alumno que tanto cariño le tuve desde que supe que era huérfano de madre, me costó dejarlo ir.

Recuerdo las Navidades en mi época de infancia, con la creencia absoluta que tenía de la llegada del Gran Santa Clos y Los Reyes Magos, temblaba desde días antes.

Recuerdo mis viajes a Torreón a visitar a los primos y el trayecto de veinte horas en autobús de las cuales dormía unas dieciséis.

Recuerdo el libro de “La Hermana San Sulpicio” que me ofreció mi padre, le quité el canto dorado a ese hermoso libro de tanto leer la historia.

Recuerdo cuando aprendí a manejar, bajaba del coche con los nervios anudados.

Recuerdo la boda de mi hermana mayor, lloré porque sentí que se rompía mi espacio de seguridad y confort.

Recuerdo cuando mi mamá me enseñó a elaborar el arroz, estaba yo recién casada y no sabía ni freír un huevo, ya lo superé y ahora soy experta en ofrecer algo rico de comer.

Recuerdo la sorpresa que siempre ha causado a cualquier persona que se entera que, como le sugiere el Quijote de la Mancha a Sancho Panza, yo tampoco como ajo y cebolla para que no saque por el olor mi villanería”.

Recuerdo cuando salí del colegio graduada como maestra y la directora me pidió leer la despedida en el auditorio.

Recuerdo cuando soñaba con ser mamá, la realidad superó lo imaginado.

Ahora confirmo que recordar es volver a vivir los acontecimientos. Quiero seguir recordando.

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