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Un autorretrato - Marichoni


¿Quién Soy?

Soy Marichoni para los cercanos, ya que María Ascensión nadie lo entiende ni sabe de dónde viene. De mi mamá, que así se llamaba y para acabar con el cuadro, se lo puse a mi hija, ni modo, gajes del tiempo y de la extravagancia.


Mujer, ni dudarlo, inquieta, impulsiva, para colmo de males. Con anhelos de profundidad, con autorreflexión por aprendizaje. Crítica, que no criticona, ansiosa, de mente clara, educada en la cultura del esfuerzo, buscando siempre la armonía de las palabras y las imágenes, la mía propia y la del espacio en el que me muevo.



Madre amorosa, eso sí a manos llenas aunque suene cursi, de esas vidas surgidas de mí misma, sosteniendo un estandarte de libertad “abrázalos muy fuerte y déjalos volar” como el título de un libro que fue inspirador y sin calcular el precio que eso representaba.

Buscando la belleza con los ojos del cuerpo y con los del alma, abarcando la restauración ante las dificultades y, con gran dificultad, el perdón.


Abuela adoradora y exagerada, agradecida por esos seres maravillosos, cobradores de amor que supieron saldar una cuenta enriquecida por intereses inimaginables.


Con un corazón movido por algunas obras musicales de gran envergadura, inscritas en la eternidad bajo el nombre de clásicas, 2º. Concierto de Rachmaninov; la Polonesa de Chopin, también por la música ranchera, bravía y tradicional que canta al amor y a la tierra y fascinada por la canción española regional de antes de la influencia del rock y del pop.



Maestra por una vocación descubierta más temprano que tarde y, ya subida en el tranvía de la educación, en búsqueda de la excelencia, no por el resultado sino en observación de un proceso que siempre queda como desconocido.


Hija orgullosa, de un origen simple pero dibujado con precisión, de Alfonso y Chonita, reconociendo su compromiso hasta el final. Nieta de gigantes por la transparencia de su trayectoria de vida.


Hermana por historia genética y por experiencias compartidas, por complicidad y por evidencia de semejanzas, tanto en gustos como en disgustos, sabiendo que en ellos se encuentra el espejo.

Amiga por elección, por decisión y por encuentro casual pero sostenido por vivencias de fraternidad.


Escritora por intento, en compañía de algunos de los grandes que me enseñan, aunque yo sea de lento aprendizaje.


Mexicana por regalo de la vida, “Como México no hay dos…”. Existiendo ahora, en este momento, y como dice la canción: “Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y… coincidir…” con mi tiempo y con mis costumbres…



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