top of page

Y cuando... - Marichoni

La vida es nuestra maestra,

si queremos, aprendemos.

    Me parece que enfrentar las situaciones de la vida nos hace sentir que estamos vivos, contando una historia que casi siempre vale la pena que se comparta.


    Porque cuando alguien que se halla cerca, se interesa por lo que estamos viviendo, nos sentimos reconocidos.


    Cuando quien convive en cercanía y nos da su opinión sobre lo que hacemos, nos sentimos aceptados.


    Cuando compartimos lo que por ratos sale del corazón y alguien nos retroalimenta, nos sentimos apreciados.


    Cuando nuestras tristezas y alegrías, al comentarlas, resuenan entre quienes se mueven junto a nosotros, nos sentimos acompañados.


    Cuando alguien se atreve a contarnos sus cuitas y nos comparte sus sentimientos, nos sentimos dignos de confianza.


    Cuando mostramos preocupación por algo y no podemos abrir ni puertas ni ventanas y alguien nos da una bocanada de aire fresco, nos sentimos queridos y apreciados.


    Cuando alguien que está a la distancia, nos llama, reconocemos en ese gesto la necesidad de saber de nosotros, nos sentimos necesarios.


    Cuando alguien se alegra por nuestro bienestar y nos comenta como nos percibe, nos sentimos halagados.


    Cuando alguien nos pregunta que en dónde estamos, que desde hace tiempo nos extraña, nos sentimos importantes.


    Cuando alguien nos dice que le hicimos falta y que nuestro lugar quedó vacío, nos sentimos que pertenecemos.


    Cuando alguien que recibe un comentario sobre nuestro actuar y le resulta inadecuado y nos lo comunica, nos sentimos tratados con justicia.

 

 Cuando alguien nos pide ayuda, y nos dice que le hace falta nuestro punto de vista, nos sentimos con ciertos rasgos de sabiduría.    


 Cuando al paso del tiempo alguien relata lo valioso que fue su encuentro con nosotros y lo que le significó nuestro trato, nos sentimos trascendentes.


    Cuando alguien nos dice gracias por haber estado, por haber actuado, por darme la mano, por no dejarme en soledad y en lo lejano, nos sentimos agradecidos y seguros para seguir caminando, hasta llegar a la puerta final de nuestro trayecto porque, tal vez, seamos una fuente de gratitud para los otros.


    Por ello, contar con quienes nos han elegido, nos esperan, nos llaman y nos hacen saber que nos necesita cerca, resuena en nosotros que estamos vivos, que nosotros también los hemos elegido y por ello somos dignos de amar y ser amados.



Ilustración: Fotografía de J W en Unsplash

Comments


Post: Blog2_Post
  • Instagram
  • Twitter
  • Facebook

©2021 Botellas en el mar. Wix.com

bottom of page