Érase Una vez - Verónica Maldonado Soto

Érase una vez una Vero que no le tenía miedo a nada, como vivía con gente grande y todos hacían de todo, ella también hacía de todo...
Érase una vez que esa niña se subía a una silla y lavaba platos, aunque el jabón se le cayera y los platos quedarán sucios.
Érase una vez un ratón que murió entre la cocina y el antecomedor y por solo posar ahí asustaba a todo el que cruzará ese umbral.
Érase una vez que, por querer asombrar a sus amigos, ella se comía una a una a las hormigas negras.
Érase una vez una niña que veía la tragedia que sucedía en su casa cuando sucedía un temblor en la ciudad de México, que creyó que llorar, hincarse y suplicarle a Dios, era lo más común, así que sufría, al menor movimiento de la Tierra.
Érase una vez una niña que le tenía miedo solo a los perros grandes y a los ratones.
¡Erase una vez una niña que creía que todo era fácil y que podía con todo! Igual que lo hacían el resto de sus hermanos mayores.
Érase una vez una familia que tuvo 8 hijos y después de seis años tuvieron una niña más.
Érase una vez una escalera tan bien colocada en el jardín que servía para ser cocina, elevador, departamento, castillo, fonda, templo, palacio y todo lo que se le ocurriera a Vero.
Érase una vez una niña que a los ocho años decidió que iba a ir a la facultad de Ciencias Políticas y Sociales y al cumplir los dieciocho años ingresó ahí donde ella había pensado.
Érase una vez una casa en la que después de vivir muchas, muchas personas, se quedaron solo tres personas que ya no supieron cómo seguir acompañándose.
Érase una vez una jovencita que salía a la tiendita a ser feliz, solo por hacer esa salida.
Érase una vez un chico adulto que vio a esa jovencita salir y decidió acercarse a ella para luego llevársela a vivir con él.
Érase una vez que la niña obedeció y se fue donde creyó que iba a ser más feliz, pero… se equivocó, Tardó tiempo en darse cuenta que todo error tiene su oportunidad de corregirse, así que encontró la manera de regresar a la antigua felicidad.
Érase una vez una joven-adulta que tuvo que fingir ser una chica-inocente como las demás, con tal de recuperar el tiempo que había perdido jugando a ser adulta.
Érase una vez una joven que en prepa trabajó lo suficiente para ahorrar e irse sola a Europa.
Érase una vez una joven que se vio en la oportunidad de salir a India de un día para otro y aprendió que hay oportunidades que no vuelven a presentarse.
Érase una vez una joven que, por su honestidad y ausencia de ego en esas horas, recibió el reconocimiento-regalo de un Gurú en India.
Érase una vez una joven que creyó que por su viaje a India estaría protegida por siempre y para siempre y así fue, aunque todo lo que pasó o ha pasado, sabe que es para su propio crecimiento.
Érase una vez una mujer que intentó ser feliz a base de prueba y error. Abrió los ojos tanto, tanto, que se dio cuenta de que la vida era eso. Y se soltó a reír y reír y reír.
Érase una vez una mujer que disfrutó mucho a cada uno de sus hijos con la consciencia de que ellos se quejarían de ella muchas veces en la vida.
Érase una vez una adulta-joven mayor que no se explica por qué sigue enamorada de un solo hombre que le tiene un mecate tan largo, largo que ella se siente libre y amada.
Érase una vez una mujer mayor de corazón y cuerpo joven que danzaba ente la feminidad, el feminismo, el humanismo, la justicia, la maternidad, la familia, el amor, etc.
Ilustración: Fototgrafía de Hassan Ojuagbir en Unsplash




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