¿A la deriva? - Marichoni


Desde el inicio de mi vida empecé a construir mi propio mundo personal. ¿A partir de qué? de lo que se iba moviendo a mi alrededor. Por ello, la observación del comportamiento de los seres humanos que me rodeaban y que formaban mi bosque inspirador para que yo pudiera anidar, se convirtió en esencial. Fui encontrando la diferencia entre el que se mostraba como el gran roble, tenía sus raíces tan arraigadas que no podía moverse de su lugar, estaba anclado a la tierra, a su estilo de ver la vida, a su comportamiento elegido o aprendido, pero firme y, a veces, sin movimiento.


Encontré la diferencia en quién, a lo mejor, no tenía la misma firmeza y a veces lo veía moverse como pluma al viento, sin marcar su propio rumbo. Otras veces vi a quién, a pesar de sus cambios, podía regresar a su inicio, como resulta con las palmeras que se doblan con el viento y cuando éste pasa, vuelven a su auténtica posición, pero enriquecido con una nueva experiencia, la que se asumió por saber que podía seguir al viento para no romperse y también recuperar su verticalidad.




Sí, fui construyéndome a partir de observar mi bosque personal y encontrar que en la diversidad se abren posibilidades.


Así y por ello, a veces me dejo llevar por el viento sin perder mi esencia, porque puedo recuperar la vista desde el lugar de mis raíces. De la misma manera, puedo sentirme como el gran roble, pero nunca tan inamovible como hubiera sido si no hubiera observado el valor de dejarme mover por el viento.


Por ello podido decirme: Déjate tocar cada día por la nueva oportunidad y, digo nueva, porque nunca se repite, pero déjate tocar por la alegría de haber despertado a la hora precisa, a pesar de tener que dejar la cama calientita y saber que no hay más que decir: arriba, déjate tocar por el jugo de cada mañana que te entrega su riqueza cítrica para devolverte fortaleza. Déjate tocar por la necesidad de cumplir el compromiso de atender ese trabajo que, tal vez nadie reconozca a fondo, pero que significa el haber encontrado el camino y dejar la deriva de lado.


Déjate tocar por el encuentro, el planeado y vivido con la ilusión de saber su importancia, pero también por el inesperado, el surgido en el momento, el inimaginado. Déjate tocar por el que no te dio su aceptación y puso en evidencia aquello que creías tan seguro, pero déjate también tocar por el que te muestra el reconocimiento y la alegría en ese encuentro.


Todo forma el conjunto de tu tiempo, y tu tiempo es la oportunidad de ser y de existir en ese que, desde el inicio, ha sido tu bosque personal.



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