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Cuatro Caminos - Carmina Hernández Encarnación

Por mi rumbo hay cuatro concurridas avenidas, que convergen.


Con ello se arma un buen San Quintín, por la diversidad de medios de transporte que se juntan a cada instante. 


Se queda una virola de ver como se mueve cada uno de ellos, todos saben moverse milimétricamente. Bueno suele pasar que, si alguno se atonta, pus ya se lo cargo el payaso.


A simple vista pareciera que ya se van a dar en toda su chapa, hasta cierras los ojos, como no queriendo ver y entreabres un ojo para ver si pasó o no, lo que imaginaste. Es de risa, pero no lo es queridos lectores, ya que puede suceder que alguien se despiste y se arme la tremolina

.

Empezaré por los camiones pesados, repartidores de refrescos, estiban en mega diablos chorrocientos paquetes de refrescos de todos los tamaños, jugos, leches y sepa la bola cuanta cosa train. Entre ellos vienen los repartidores de galletas, pan, los surtidores de las tiendas de conveniencia. Ocupan grandes espacios de circulación y peatonal.


De ahí a todos los que echan humo, por delante y por detrás. Por detrás los escapes se encargan de ello, y las haches y las erres salen por la boquita de los conductores, todos sienten que deben pasar primero, por la prisa que llevan, es su prioridad. Empiezan a decir todo lo que lleva esas letras. 


Motos, motocicletas, bicicletas, scooter eléctrico. Ya sea en sentido contrario o por la acera peatonal, llenos de paquetes o sendas mochilonas que llevan comida rápida o vaya usted a saber que diantre llevan. Ahora bien, esos motociclistas se creen autos sedanes de cinco plazas, también los que creen que están en una pista de carreras y esperan la señal de salida para darle con todo, como si la vida les fuera en ello.


Las motitos eléctricas ni ruido hacen, así que hasta que las sientes en las corvas, te enteras de que un niño o una veterana viene manejando. Todos ahí se apelmazan, queriendo pasar ¡no hay que ser! No llevan cascos, van con ellos niños, jóvenes, bebes, hasta el pollo y el chicharrón para el pipirín.


¡Nos falta ver a los de a pie, señores! Su caminar es zigzaguéate, inseguro y apresurado, aunque vengan solos o acompañados, tratan de ganar el paso a los autos, camiones, moto o bici. En veces traen carriolas o montables de niños pequeños y ellos cuentan, ¡como de que no ¡lo malo es que vienen en sentido contrario, no sé si ¿reír o llorar ¡

Todos quieren pasarse de listos, todos necesitan llegar a su destino… pero algunos no entienden que pueden llegar a su última parada.



Fotografía de la propia autora

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