Y los libros ¿qué me han dicho de ti? ¿qué me han dicho mí? - Marichoni
- Marichoni

- 12 hours ago
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Sólo los libros son una extensión
de la imaginación y la memoria.
Jorge Luis Borges

No he sido la gran lectora, los libros que tuve que atender fueron, generalmente, los libros escolares, pero uno que otro que cayó en mis manos me fue entusiasmando a leer algo más que lo que correspondía al currículo escolar.
La Margarita de Rubén Darío me puso en relación con el escritor nicaragüense, tantas veces repetida que me imaginaba en el cielo cortando la estrella que me regalaba el Jesús del Evangelio.
El libro de Alicia en el País de las Maravillas como obsequio de mi adorada Tía Susa, me metió en el fantástico mundo del absurdo. ¿Cómo era posible celebrar una fiesta de No Cumpleaños, si yo celebraba con pastel y vestido nuevo, el día de mi cumpleaños? Eso me abrió la mente a la pregunta ¿Y por qué no? Misma pregunta que he llevado a otros muchos aspectos de la vida.
“El Diario de Ana Frank”, un regalo que me hizo mi abuelo cuando yo tenía trece años y entraba a 1º. de Secundaria, hizo que mi corazón vibrara al recorrer el día a día de una niña que tenía la misma edad que yo en aquel momento. A ella le cortaron las alas, a mí, su lectura me las abrió y me invitó a volar.
Cuando estaba en el momento de enamorarme del amor, mi papá me sorprendió leyendo novelitas que para él resultaban corrientes y sin nada qué ofrecerme, cariñosamente me cambió por la lectura de “La Hermana San Sulpicio”, de Armando Palacio Valdés; una divertida y ligera historia de una monja que dejó de serlo porque se enamoró del Dr. Ceferino Sanjurjo; me encantó de tal manera que aquel libro hermoso de cantos dorados, en la zona de esa novela, perdió el dorado de tanto que lo leí y lo releí.
Ya después, con más gusto por la lectura, me entusiasmó “La Casa de los Espíritus”, de Isabel Allende, cayendo en cuenta que cualquier libro que recupera la propia historia del autor, de un modo o de otro, saca a relucir la propia del lector, por ello conecté esa casa con la mía propia y reconocí también que no tenía una sino dos Casas de los Espíritus, una en la Ciuda de México, a la que llamé casa Uribe al doblete, y otra en Orizaba Ver. llamada Aranzábal Sánchez, la cual tenía un nombre más real pintado en la pared de entrada a la casa, en la parte de la tienda: “La Mexicana”.
Mi País Encantado, de ella misma, en el que hace alusión a su país dejado tiempo atrás pero eternamente recordado, me hacía imaginar a mi otro abuelo que había dejado su tierra y champurreando entre el vasco y el castellano, fue capaz de integrar en su corazón las dos culturas de las que siempre me alimenté.
Si tengo que elegir un 4º. libro, me gustaría mencionar uno que leí hace cerca de treinta años me abrió la puerta a la aceptación y a la gratitud. A través de él aprendí que la vida se puede ver desde distintas perspectivas, que todo depende de la ubicación emocional y de la voluntad que uno elija ante las diversas situaciones que se presentan. Ese libro fue “El Hombre en Busca de Sentido” de Viktor Frankl.
De allí en adelante, hubo muchos libros, unos dejaron huella, otros pasaron más desapercibidos. Hay un 5º. libro que quiero traer a colación, por el que ni siquiera sospeché lo que podría detonar tiempo después de leerlo, y que fue producto del regalo que me hizo una amiga para una celebración, el libro que me trajo al taller de Escritura autobiográfica fue “Novia que te Vea”, de Rosa Nissán. No sólo incorporé el contenido del libro, sino a su autora a un lugar especial del corazón y por él tengo mucho más de una década en su taller.
Además esa lectura me ha dado la oportunidad de emprender otra aventura, la de atreverme a escribir, contando con la inspiración de un grupo de personas que, al escuchar sus escritos y encontrar algunos ya en forma de libro, han multiplicado anhelos de contar lo que vaya saliendo del corazón día a día.
Desde entonces ha habido infinidad de libros en mi haber, pero quiero mencionar El Adiós a los Padres de Héctor Aguilar Camín, en el que relata su infancia, su juventud y el momento de despedir a sus padres, experiencia que me hizo revivir lo que fue para mí decirle adiós a mi madre y veinte años después a mi padre, imaginando esa despedida que un día tendrán que hacer mis hijos, cuando Dios me diga Hasta Aquí.






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