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De campo y de ciudad - Anne Labrousse



Soy Ciudad y soy Campo.

Soy vitrina con luces Led y burrito humilde, mojado, en un día lluvioso.

 

Cruzo la avenida, pero no, cruzo la pradera con flores pequeñas, blancas, y caracoles

 

Cruzo la avenida. Estoy en una calle de pueblo. Las mujeres indígenas, bellas, con sus atuendos brillantes, satinados, venden rábanos rojos como sangre.

Venden pan hecho en su casa, plantas de su jardín.

 

Pido un taxi pero quiero un caballo. Quiero subir esta callecita pueblerina a lomo de caballo negro.

 

Quiero sentir el sudor de su pelaje en mis muslos.

 

¿Estamos en un concierto? Hoy cantan miles de cuervos en el árbol más frondoso de la plaza.

 

La Ciudad. ¿Estoy aquí?

 

Veo huevos de rancho, me acuerdo de mis abuelos.

Quiero comer dos, suaves, con un poco de sal y un poco de pan.

 

Un niño canta, tranquilo, en la calle casi desierta.

Fachadas coloridas, perritos callejeros. Muchos de ellos.

Casi hay más perros que habitantes.

 

Un taco de carnitas para la perrita por favor.

La perrita está preñada, con las tetas colgantes.

Saborea la tortilla, la carne y unas papas fritas agregadas.

 

Me gusta comprarles tacos a los perros.

 

Eso sí, es vida.

 

El sol. Había sol esa mañana, entre las hojas de las palmeras.

Y, entre el sol y las hojas, veo las montañas.

Un instante sagrado.

 

Después, hubo viento. Después hubo lluvia.

 

Y los dos burritos mojados a quien di besos.

Animalitos de Dios.

Son la perfección, la luz, la dulzura, la bondad, la vida entera.

 

Vivo en un edificio en la gran Ciudad.

Vivo frente al convento donde la gente del pueblo vende flores perfumadas.

 

Vivo cerca del niño que canta, de la perrita preñada, y de los burritos húmedos.

 

Vivo cerca de la ventana abierta hacía la montaña.




Ilustraciones: Fotografías en Unsplash

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