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Esclava del sistema - Mariana Hammeken



Qué puedo decir. Soy una esclava del capitalismo. La justificación aceptable es la necesidad. Los gastos, el transporte, la renta, el súper, las medicinas, el veterinario... “Ustedes tienen Only Fans, así que no se quejen”.


Bueno, y tú tienes la brecha salarial a tu favor, el privilegio cultural de que te solapen todo, de que no te maten por nacer, y además también Only Fans. Y qué si tenemos Only Fans? ¿Por qué es tan condenado y/o socioculturalmente precario, vender nuestro cuerpo del cuello hacia abajo, mientras que vender nuestro cuerpo del cuello hacia arriba, y detrás de los ojos es tan aceptablemente digno, como si la materia gris y todas sus capacidades no dependieran y fuesen parte también del cuerpo...


Por qué es tan terrible vender caricias, tan caro y a la vez mal pagado, unos minutos de placer, tan condenado usar la cuerpa para explotar la profesión más antigua y tan digno para la segunda profesión más antigua, la albañilería?


¿Y por qué si se gana 3-7 veces más en el entretenimiento pornográfico que en el diseño gráfico debería estudiar diseño gráfico?


Y por qué si consumes este material, sin pagar, sin saber la situación de las actrices, tú condenas a quién vive y sobrevive, o –peor aún—disfruta de trabajar en ello?


Qué puedo decir si vender mi tiempo, mi esfuerzo, mi empatía, mi saliva, mi batería social, por unos minutos de placer al hacer una compra, no implicaría que todos los trabajos son putería? Así se trate de la compra de un alimento o medicamento indispensable. Todos los trabajos son putería, de distintas partes del cuerpo, pero al final putería.


!Qué placer! !Qué placer no morir de hambre! !Qué placer no tener el ojo crítico de la moralidad hechiza y parcializada apuñalándome la existencia! O sí...pero !qué placer no morir de hambre!



Ilustración: Fotografía de Jp Valery en Unsplash

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