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Si fuéramos descubridores - Marichoni

El verdadero viaje de descubrimiento

no consiste en buscar nuevos caminos

sino en tener nuevos ojos para verlo.

Marcel Proust

   

Cuando abrimos los ojos día a día, reconocemos el valor de vivir otra jornada, con la puerta abierta a oportunidades y vivencias nuevas.


    Ese momento representa la primavera de nuestro día, y es el momento de reconocer el mundo que nos rodea para verlo con ojos nuevos, con una visión desconocida y sacar del cajón a la esperanza, para darle cabida a las inquietudes por descubrir lo que hasta el momento no hemos visto de lo que nos rodea, y nos gustaría encontrar como referente para vivir lo que ya descubrimos como un nuevo día.


    ¿Cómo habrá vivido Galileo Galilei ese día en el que descubrió que la Tierra no era el centro del Universo? ¿Cuál puede ser la analogía en nuestra vida cuando reconocemos que lo que vamos descubriendo nos hace tomar consciencia de que nosotros, al igual que la Tierra, no estamos al centro del Universo y compartimos la órbita que recorremos con todos los que nos rodean y ellos, sus inquietudes y sus descubrimientos, nos sirven de espejo y nos ofrecen su compañía?


    ¿Cómo habrá vivido Cristóbal Colón ese día que se hizo a la mar esperando comprobar lo que había pensado, sin saber que haría un descubrimiento inesperado que le daría al mundo la certeza de principio a fin de nuestro planeta? ¿Cuál sería la similitud para ver con ojos nuevos lo que la vida nos presenta tan solo por haber despertado al nuevo día?


    ¿Cómo habrá vivido el día que María Montessori descubrió que las capacidades de los niños con los que se comprometía, eran ilimitadas, dándole la espalda a certezas traídas y llevad as de que ellos no podían y su descubrimiento revistió de esperanza a tantas familias más allá de su espacio y de su tiempo?


    ¿Cómo habrá vivido Santa Teresa de Ávila cuando descubrió que todo pasa para que nada nos turbe y en una analogía, descubramos dentro de nosotros mismos esa fuerza para responder cada día y para ver los acontecimientos con ojos nuevos, estrenando la mirada.


    ¿Cómo habrá vivido Edwin Hubble cuando, con su gran telescopio, descubrió que la Nebulosa del Águila era imagen de aquella Águila que anunciaba la leyenda de la fundación de Tenochtitlan, la ciudad que más tarde sería nuestra casa? Y nosotros ¿qué similitud hacemos al reconocer que nuestra obra es compartida con la misma pasión y el mismo interés por quienes nos acompañan en este mundo y en cada día, dentro y fuera de nuestra casa?


    ¿Cómo habrá vivido ese biólogo que, observando a las aves de la selva es su volar y colorido, descubrió que así es la vida, cuando no se vuela en busca de sentidos, se le encuentran los significados a los colores de cada día?


    ¿Cómo habrá vivido Madre Teresa de Calcuta, otra Teresa, cuando descubrió que una forma inagotable de alegría estaba en el servir a otros cada día? ¿Qué sería de este mundo, en una nueva analogía, si todos descubriéramos el valor de hacer un servicio o muchos cada día a quienes a veces sin necesidad de expresarlo, nos dicen que requieren de nosotros cada día y que, al descubrir que alguien nos necesita, nuestra existencia adquiere importancia y trascendencia?


    ¿Cuántas cosas nuevas habría, haríamos, diríamos o propondríamos si fuéramos descubridores de algo cada día?



Ilustración: Fotografía de Hal Gatewood en Unsplash

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