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Vamos a contar cuentos - Marichoni

1 day ago
3 min read

Las golondrinas anidan en los aleros

de las casas para escuchar el relato de cuentos


       ¡Vamos a contar cuentos! Esa sola frase despierta ilusión, provoca interés y la mente entra en alerta.


    Hay que imaginar a los Hermanos Grimm, escondidos por el bosque o asomados a las ventanas de las abuelas para escuchar lo que relataban y poder darles su interpretación y con ella, elaborar una recopilación que ahora lleva su nombre.


    Cómo habrá disfrutado Hans Christian Andersen, teniendo esa cantidad de historias haciéndole ruido en la mente y por ello pensar, “mejor las  convierto en un cuento”


    Muchas definiciones para describir un cuento, unas más académicas, otras más coloquiales.


    No me vengas con cuentos, Esos son cuentos chinos, mira que inventa cuentos ¿a poco cree que voy a créele? son puros cuentos. Cuéntame otro cuento, Si quieres que me duerma, cuéntame un cuento, mi abuelita me encanta porque sabe muchos cuentos.


     Y cuántas expresiones más para referirnos a los cuentos. A esa palabra tan constante en nuestro vocabulario, lo mismo para mayores que para los más pequeños, al fin los cuentos son múltiples en su contenido, creados para los niños, lo mismo que para los jóvenes y aquellos que, por haber vivido muchos años no son ni niños ni jóvenes, para evitar llamarlos viejos.


    Un cuento es ese texto literario revestido de encanto, de imaginación y fantasía y despierta ilusión a partir de lo que voy a escuchar o de lo que me atrevo a contar.


    La sola palabra parece que lleva imán, despierta interés genuino y hace brillar la mirada por lo que puede representar ese cuéntame un cuento o por aquello que se va a escuchar.


    Contar cuentos para relatar, para narrar, como dice el dicho: Cuando cuentes cuentos, cuenta cuantos cuentos cuentas porque si no los cuentas, nunca sabrás cuantos cuentos cuentas.

  

    Al escuchar la palabra, acuden a la mente los personajes y empiezan a interactuar, establecen diálogo y comunicación, se vuelven reales, aunque no existan, se aprende de ellos, aunque no sean maestros, se recuerdan y se convierten en fotografías que atesora la mente. Ellos ni se cansan ni se pierden, y cada uno que aparece escrito en las páginas de un relato, se convierte en eterno. Y si no que lo diga Pinocho, o Caperucita Roja, o el Principito, o la bella Durmiente.


    Aprendemos de su actuar, juzgamos sus decisiones, nos dejan sabor a dulce y con algunos, nos ponemos a llorar.


    Cada cultura tiene su acervo tradicional explicado en cuentos, relatos que expresan costumbres y narraciones que entran en las entrañas desde la cuna.


    Pero las experiencias vividas a veces requieren mezclarse con un poco de fantasía para que la realidad vivida convierta en un cuento, así trascienda y pueda ser narrado para recordarlo.


    Los cuentos permiten conocer la historia de la humanidad y a partir de ellos, la mantenemos en el presente y, tal vez en el futuro.


    Corren por el mundo los cuentos de ayer y se tornan presentes, quizá no hemos descubierto que son eternos, que sus palabras están vivas y que, los seres humanos, sin definir su edad, como las golondrinas en los aleros, seguirán poniendo cerca el oído para poderlos escuchar.


    Mientras los cuentos sigan con cierta modificación que surja de la condición de temporalidad, será un posible relato que pase de generación en generación.


     Por ello, insisto, vamos a contar cuentos, que con ellos ya será motivo de diversión.



Ilustración: Fotografía de Natalia Y. en Unsplash

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