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Caminando hacia mi Ítaca - Marichoni

"Cuando emprendas tu viaje a Ítaca

pide que tu viaje sea largo, lleno de aventuras."

Fragmento de Constantino Kavafis



    Nací con y en circunstancias específicas que constituyeron mi equipaje de viaje.


    Hija de los padres que me eligieron y hermana de quienes comparten conmigo genética, tiempo y costumbres.


    Crecí caminando sin saber que era a Ítaca a donde debería llegar, dejé la infancia irremediablemente y lo hice por obligación y por derecho, y seguí mi recorrido, eligiendo lo que para mí era un anhelo: el amor, la familia, el trabajo, la trayectoria personal.


    En ese tiempo, esas elecciones desdibujaron mi visión no tan clara de la Ítaca a la que desde mi nacimiento debía llegar. Además, empecé a ver la Ítaca de cada uno de esos cinco niños que elegí por amor. Ellos, cada uno en un tiempo determinado, vieron llegar una barca a la que se subieron y emprendieron su viaje personal. También tenían que ir en busca de su propia Ítaca.


    Yo no me quise quedar inmóvil, había que volver a dibujar aquello un poco medio olvidado, que esperaba como boceto y que ahora era tiempo de repintar.


    Y tomé la siguiente barca que me llevaría, ya en soledad, hacia el destino que había quedado en espera, y me fui lanzando palomas mensajeras con cartas que le dijeran a los niños de mi amor dónde me hallaba, cómo estaba, esperando siempre su respuesta en la que me enterara de la particular condición de cada uno de ellos.


   Y leyendo y releyendo las cartas que las palomas me trajeron, he seguido viajando por esos caminos, y al ver lo que se me presentaba, descubrí un nuevo hacer en el horizonte: escribir para relatar mis aventuras de viaje, tratando siempre de recuperar y valorar esas circunstancias que constituían mi equipaje original.


    Ya he recorrido un largo trayecto, tal vez se acerca mi llegada al destino final, pero todavía no lo tengo a la vista ni lo quiero tampoco frente a mí, porque como sigo de viaje, voy apreciando la belleza del paisaje, sigo haciendo descubrimientos, sobre todo me he encontrado trece estrellas que están en el ángulo de mi visión, colocadas directamente en mi cielo y que son el resultado del amor de esos cinco niños productos del mío.


    Por ello quiero disfrutarlas y verlas alumbrar, aunque sé que eso ya no lo controlo yo.

    A ver qué dice mi tiempo, a ver qué dice mi Creador.


    Pero lo que ahora digo yo es:

Sí, Ítaca eres mi destino final, mi meta a alcanzar,

eres quien guardará mi historia y hablará de mí.


Quién, desde ahora, sabe de mi lucha

porque eres el lugar que me asignó el Eterno Creador.

Eres mi hogar y allí siempre se ha guardado el calor y el amor.

El que he sentido y el que me han ofrecido.


Estás a la vista, pero aún no te alcanzo.

Y, además todavía no quiero llegar.

Amo el camino por el que voy.


Es mi recorrido, el que a mí y solo a mí me ha tocado recorrer.

La vida me ha presentado múltiples oportunidades,

algunas alcanzables, otras solamente presentadas como anhelos

y por imposibles abandonadas para darle paso solo a lo posible.

Sabiendo que no todo es para mí.


El sol de cada amanecer siempre ha sido una brújula.

Me habla de lo que todavía puedo alcanzar.

Cada despertar me dice que observe lo que tengo a mi alrededor.

Que busque la belleza del paisaje y el color del horizonte,


Que, aunque empieza a vislumbrarse mi Ítaca,

aún no está tan cerca, eso me invita, iluminada por mis trece estrellas,

a seguir adelante, al menos es lo que deseo,

porque veo que hay tiempo de seguir creando y amando, para imaginar y hacer lo que sirva para dejar mi huella,

esa única huella que será la mía y de nadie más:


Mi trabajo, mi maternidad, mi obra creadora, mi mensaje, mi sentido

y mi orientación, mi trayectoria, mis amores, mis sueños,

mis habilidades y las consecuencias de mis decisiones.


Mis errores y mis confusiones. Mi compromiso y mi fe.

Sé que el día que llegue a mi Ítaca, dejaré el camino, el horizonte,

el cielo y las estrellas, la lluvia que ahora me cubre y que me gusta.


A mis seres amados, esos que desde el inicio de la creación

estaban designados para mí, mis hijos y mis nietos.


Mis hermanos y mis amigos,

porque quienes me dieron e hicieron la vida, ya llegaron a su Ítaca.

Algún día llegaré, pero mientras tanto a seguir el camino,


Ítaca espera un poco más por mí.


Ilustración: Fotografía de Jorge Fernández Salas en Unsplash

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