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El cambio ¿siempre deseado o a veces rechazado? - Marichoni

Cambia, todo cambia

 



    Como dice esta canción popular chilena, Cambia, todo cambia, sí, esto es una realidad constante, frecuente y permanente ¿por qué a veces nos cuesta tanto trabajo y tanto esfuerzo cualquier cambio?


    La vida es cambio, desde el vientre materno, cada día es diferente, el primer año de vida plantea múltiples y definitivos cambios, se aprende a sentar, a caminar, a hablar, si no fuera así, no se daría el desarrollo con la armonía que se requiere.


     A veces entendemos y aceptamos esos cambios en nosotros mismos y nos gustan, pero deseamos que el entorno no se modifique, anhelamos que lo que nos rodea no cambie, que los sitios por los que nos movemos se mantengan tal como los conocemos, que lo que hemos aprendido nos sirva para siempre, que lo que aplicamos sea de la forma como lo hemos hecho antes.


    ¡Ah, pero ya me di cuenta que estos cuestionamientos me los hago yo porque mis años se cuentan por muchas décadas!


    Sí, esto no es algo que inquiete ni a la niñez ni a la juventud, ni siquiera a una edad de madurez temprana. Tal vez es solo para los años tardíos de la vida.


       Y en el mundo, desde que el mundo es mundo, los cambios han sido desde la Pangea hasta la formación de los continentes, hasta concluir su construcción y darle la forma para poder convertirse en nuestra casa y que pudiera ocurrir el cambio realmente trascendente que produjo la aparición del ser humano, que no solo cambia en su persona y en su ambiente, sino que es capaz de provocar cambios inesperados, a veces poco naturales, otras de manera radical, modificando formas de vida establecidas que no siempre han contemplado el impacto de sus decisiones, un ejemplo han sido las innumerables guerras y revoluciones que día a día siguen ocurriendo y que alteran y seguirán alterando el mundo conocido. Y ni se lo cuestionan.


    Sin embargo, quisiera mencionar el cambio impresionante que se ha provocado con la revolución tecnológica, amada por unos, aceptada por otros, condenada por algunos más. Una revolución que no termina, parece que crece y se dimensiona de manera inimaginable. Ha cambiado nuestra forma de relacionarnos, de trabajar, de enviar mensajes, de hablar con los demás y otras tantas cosas que yo ni conozco ni dimensiono.


    ¿Qué nos tocará ver, qué les tocará asumir a las generaciones posteriores? ¿Cómo cambiará su medio ambiente natural, su entorno social, sus formas de diversión, sus valores de vida, sus actividades cotidianas como su alimentación y su forma de movilidad, sus creencias y sus relaciones interpersonales?


    Como no sé si abrazar el cambio, rechazarlo o asumirlo por obligación o imposición, solo se me ocurre orar ante lo que es mi humilde percepción:

 

DIOS:

Ayúdame a aceptar con alegría la realidad.

Concédeme entusiasmo para seguir haciendo mi aportación.

Dame el don del habla para ofrecer mi visión.

Sabiduría para analizar lo que ocurre, unas veces ofreciéndolo, otras tratando de imponerlo.

A no claudicar en lo que sí creo y reconozco como valioso y dejar ir lo que no sea esencial.

Te pido ser testimonio de apertura y encuentro, no de rechazo.

Muéstrame como oportunidad, no como negación para la realidad.

Permite que sea punto de unión, nunca de separación y condena.

Ante el cambio, deseo el entusiasmo, el beneficio y la valoración.

Frente a la vida, deseo seguir siendo yo y poder cambiar hasta llegar a mi fina



Ilustración: Fotografía de Elena Mozvhilo en Unsplash

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