El vestido - Marichoni



Nadie remienda un vestido viejo 
con un pedazo de género nuevo, 
porque la tela nueva encoge, tira 
de la tela vieja y se hace más 
grande la rotura. Marco 2, 21

¿Qué es vestir? ¿Qué es revestir? ¿Qué es elegir el vestido? ¿Qué es decidir a través de un vestido?

Como al nacer sólo traía mi humanidad al desnudo, el primer signo de amor que recibí de mi madre fue el conjunto de prendas que ella había confeccionado para vestirme una vez que hubiera nacido…


Y así pasaron los años y ella siguió confeccionando los vestidos que estrenaba para el cumpleaños, para el santo, para ir de viaje a visitar a los primos.


Sus manos estaban en cada puntada de mis vestidos, por supuesto que eran elaborados a su gusto, que poco a poco llegó a ser el mío.


Manos de seda frente a las telas, los encajes, los bordados, los tejidos, los listones…


¿Cómo me percibía al estrenarlos? Elegante, contenta, alegre; el vestido hablaba y me decía: - hoy te ves nueva.


Así me sentí una noche de ilusión en la que me puse el vestido de novia, con bordados que mi mamá había hecho a escondidas para que no me diera cuenta y, así hacerlo más hermoso de cómo lo había dejado la costurera.


Yo no heredé esa delicadeza, quizá mis manos más rudas, se dedicaron a otras labores, a otros oficios… y empecé a entretejer la conciencia, a tratar de reflejar mis valores en la palabra, en la frase reflexiva que ofrecía a mis hijos ante casi cualquier situación, empecé a entretejer puntadas tratando de bordar argumentos para respaldar los valores que fui eligiendo, a coser roturas del corazón de mis alumnos, a construir, sin mucha planeación, a través de la palabra, y digo sin mucha planeación, porque no conocía lo que se iba develando en la vida, no dibujé antes de bordar, sólo remendaba cuando descubría la rotura, el rasgado del corazón.


Ahora estoy aprendiendo a poner por escrito ese sentido que me movió desde siempre a hacer costuras con palabras, que no siempre han sido dulces, de claros colores, también he combinado el negro del enojo con el azul oscuro de la no aceptación, pero sé que ha prevalecido el amor.


Sólo espero que cuando la obra esté terminada, quien la lea escrita o quien la recuerde a través de la tradición oral, exclame ¡Qué lindo!, ¡Qué auténtico!, ¡Valió la pena la costura de su vida!...

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