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La cuesta de enero - Marichoni



    Se acabó diciembre, apareció en el calendario un nuevo año, así ha sido desde que tengo recuerdos. También se acabaron las celebraciones y con ello, la rutina se hace presente, después de ese lapso de días festivos.


    Nos toca acostumbrarnos al nuevo número que nos señala el cambio y a retomar el ritmo de la vida, que quedó en espera durante las pasadas fiesta.


    Ahora hay que programar o al menos visualizar los nuevos caminos que se abren frente a nosotros y que podremos recorrer. A veces no se ven tan claros, pero los empezamos a imaginar, los construimos en la mente, a ponerlos en planes posibles, en propósitos   y así decimos: después de diciembre hay que subir la cuesta de enero.


    Subir tiene sus dificultades, hay que hacer un esfuerzo, pero también tiene su encanto, una esperanza por evitar errores de otros años, de alcanzar metas abandonadas, de obtener logros alcanzados a medias, de completar lo que las circunstancias y el tiempo dejaron incompletas, realizar lo que quedó desdibujado y se borró y, el ahora se presenta como una nueva oportunidad de volver a trazar.


    Sí, es tiempo de empezar a subir la cuesta de enero, ese mes que mira al pasado y al futuro al mismo tiempo, como decían los romanos, el mes que tiene dos caras y del que se dice: que no hay luna como en enero ni amor como el primero. Sí, tenemos muy cerca el pasado del año anterior, el tiempo de fiestas, pero tenemos el futuro en el recorrido de la montaña del año nuevo que nos invita a subir la cuesta.

 

    Ese futuro que es esfuerzo pero también oportunidad, desconocimiento pero también sabiduría, es camino pero también perspectiva, es compromiso pero también renovación e intento, es novedad pero también experiencia:


Así que ADELANTE, BIENVENIDO ENERO con su AÑO NUEVO.



Ilustración_ Fotografía de Sebastián q.k. en Unsplash

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