La trilogía de la vida - Marichoni
- Marichoni

- 19 hours ago
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El sonido, el movimiento
y la palabra.

Vivir es la obligación adquirida sin negación, aunque la diferencia esté entre elegir si se quiere vivir o sobrevivir la vida.
Vivir es poder escuchar el sonido del viento que cada día me orienta y me da rumbo, aunque no lo vea, me doy cuenta de su existencia.
Escucho el chasquido del agua cada mañana al abrir alguna llave o al pasar por un charco que se encuentra en mi camino, después de haber percibido el sonido de la lluvia por un rato. O tal vez el correr del río o el movimiento de las olas del mar, cuando me hallo cerca de ellos.
Escucho el piar de los pájaros, que no los ha detenido ni el calentamiento de su casa, la Tierra, ni la inconsciente contaminación provocada, ellos siguen ofreciendo el sonido de su canto para anunciar el amanecer de un nuevo día.
Escucho el chirriar de los coches que ocurre sin preguntarse si el resto de las personas ya están listas para considerarlo y hacer que, al abrir los ojos, se den cuenta que es el sonido de un nuevo día.
Escucho el tic tac del reloj que establece, en su sonido, la interrogante a la que hay que responder porque el nuevo día hizo su aparición y no espera para vivirlo.
Escucho el sonido de una canción que trae los recuerdos de otro tiempo, para apreciarlos y darles el estimulante valor de reconocer el camino de la vida que se ha recorrido en el día a día.
Sí, escuchar los sonidos es reconocer la vida en la música del organillero, en lo que percibo al oír al avión que cruza el cielo, en los pasos que suenan sobre el pavimento, en el sonar de la sirena o de un silbato, en la ventana que se abre y en la puerta que se cierra.
Pero también puedo escuchar el sonido del silencio, ese que permite reconocer que respiro, y que, el hacerlo, es exigencia vital que permite el encuentro con uno mismo.
Pero si el sonido es expresión de vida, también lo es su combinación con el movimiento, porque éste se detecta al escuchar al viento que orienta, marca el rumbo e indica dirección o cuando los pájaros logran su vuelo, para detenerse en una rama y emitir en ella su canción matinal o escuchar el chirriar de los autos en su traslado de un lugar a otro, todo eso es anuncio de la continuidad de la vida con el sonido en movimiento de la aparición del nuevo día.
Pero para identificar la vida, descubro un tercer elemento que completa eso que yo llamo la trilogía de la vida: la palabra, esa herramienta que me da la diferencia con cualquier otra especie de los seres vivos que existen en la Tierra.
Esa combinación de sonidos que adquieren significado y dan sentido a mi posibilidad de nombrar, cantar, expresar, mencionar, compartir, entender, preguntar y responder y dejar huella sin interpretaciones, porque ella me permite definir lo que quiero decir.
Sí, la palabra que propicia mi capacidad de comprender y ser comprendida, esa unidad que puedo utilizar para hacer mi aportación y determinar lo que entiendo, con la oportunidad de testimoniar, de aportar, de señalar, de expresar, de hablar y de escribir, de decir quién soy y qué doy o qué me falta.
La palabra que da vida a mi hacer y que puede ser música y movimiento, en prosa o en verso, regalo y anhelo.
Esa combinación de elementos para vivir la vida que, por el sonido, el movimiento y la comunicación que tiene en sí misma cada palabra que ofrezco o recibo puedo comprobar que vivo.
Ilustración: Fotografía de Anastasiya Badun en Unsplash



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