Somnolencia ausente - Jesica Lara Ovando



Los días se enfermaron de insomnio, daban vueltas sin parar y terminaban con las sábanas enredadas entre sus piernas, pero, poco a poco se fueron acostumbrando y empezaron a dormir en una esquina de la cama a nada de caerse, mientras el insomnio se apoderaba de las almohadas y del suave cobertor.


Esta convivencia se volvió la única rutina en su vida, y pasadas las 2 semanas, los días empezaron a preocupar: el insomnio cobró vida convirtiéndose en el compañero de recámara que quizá, siempre habían necesitado.

Abrazando a los días hasta altas horas de la madrugada y dándose la vuelta mientras los primeros rayos de luz se colaban por la ventana, acortando aún más el tan anhelado descanso que los días, no lograban disfrutar. Así que, una soleada mañana, los días fueron a un chequeo de rutina y salieron del consultorio médico con el pánico deslizándose lentamente por su espalda.


Tenían que desalojar al insomnio, desterrarlo y cambiar por completo su vida, o si no, irían al loquero.


Los días decidieron, mientras el insomnio se aferraba a ellos en la cálida oscuridad de la noche, que de ser necesario se harían un exorcismo para librarse del insomnio, pero la pregunta prevalecía: ¿cómo podrían cortar de raíz y dejarlo ir, si se había vuelto una relación codependiente? Los días temían perder el control al terminar con el insomnio, al terminar esta trágica historia que empezó mal y terminó peor, pero sabían que lo tenían que hacer… y lo harán.




Ilustración: Photo by Krista Mangulsone on Unsplash

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