Tomar decisiones - Marichoni



   ¿Qué es una decisión? ¿Qué significa tomar decisiones? ¿Hasta dónde tenemos libertad para tomar decisiones?

No tengo recuerdo de haber tomado alguna decisión de pequeña, comía, me vestía y me dormía de acuerdo a las decisiones que tomaba mi mamá, iba al colegio que mi mamá había elegido, salía cuando mis padres lo decidían, viajaba cuando y a donde los mayores disponían. Así recorrí gran parte del camino de mi vida, viviendo como habían elegido que viviera.

Pero, pensándolo bien, sí tomaba decisiones: a qué jugaba, con quién lo hacía, a qué me atrevía, con quién platicaba, que siempre era con quien me sentía a gusto, cómo respondía en la escuela, con qué calidad hacía mi tarea y algunas otras cosas simples y cotidianas. Al paso del tiempo, estas pequeñas decisiones me hicieron reconocerme responsable cuando llegó el momento de darme cuenta de que mi vida es mi vida, pero con una precisión: mi vida es mi vida con otros, a quienes tengo que tomar en cuenta.

Tal vez ninguna de las decisiones que antes mencioné y, que yo sí podía tomar, fue mayormente trascendente, sin embargo, me marcaron un rumbo, y digo, me marcaron y no tanto lo marqué, sólo acepté porque en ese tiempo los niños y aún algunos jóvenes no tomábamos mayores decisiones en una edad temprana; era la forma

de estar en el mundo o, probablemente yo no conocía a quién sí decidía por su vida, de una manera más abierta en su juventud. Yo me moví en otro mundo, esa aceptación a lo que se proponía para mí ni me molestaba ni me violentaba.

Puedo recordar el momento en que cambié de pretender estudiar la Preparatoria a hacerlo por la Normal de Maestras. Cuando lo hice ni siquiera dimensioné lo que representaría para mi vida una preparación académica elegida sin mucha conciencia, sin mucho pensarlo en aquel momento. Y ahora reconozco que fue un acierto porque me ha permitido ejercer como maestra por casi sesenta años. Que esa decisión trascendió ¡por supuesto que sí, más allá de lo que un día imaginé!

Otro momento de decisiones fue, indiscutiblemente la más importante, cuando acepté casarme con Manuel, esa decisión si fue profundamente trascendente y la tomé sabiendo que era un camino que, para mi estructura, no tenía cambio de rumbo, lo hacía para toda la vida. Sé que esto puede sonar absolutamente obsoleto, incomprensible y, a veces, condenable, yo sabía que era la opción de mi vida y no habría otra.

Con estos elementos de reflexión tomé la decisión y definí el rumbo que me conduciría. La situación por sí misma tuvo sus dificultades porque tenía muchas facetas, Sin embargo, hoy sé que lo volvería a hacer.

Tener cinco hijos tampoco fue una decisión muy planeada ni en tiempo ni en forma ni en número, yo lo viví como la misión maravillosa con la que había soñado desde niña, cuando jugaba con muñecas.

Así fue y así sigue siendo, sin ningún cuestionamiento, con absoluta certeza de que eso también lo volvería a elegir de la misma manera porque ha sido fuente de alegría constante y, no se diga la consecuencia de tener trece nietos…



Esto me permite sentirme con una enorme gratitud hacia la vida porque, a través de ellos, he obtenido todos los significados que buscaba y descubrí los que no buscaba.

Tuve otros momentos de decidir, uno de ellos muy importante y también elegido sin mucha conciencia ya que no visualizaba su trascendencia fue cuando volví a la escuela como maestra. Con el tiempo he constatado la gran oportunidad que eso representó y ahora digo: ¡Bendito momento!

Otra decisión trascendente fue cuando me uní a la Comunidad de las Águilas hace más de cincuenta años, grupo con el que he compartido prácticamente la vida.

Posteriormente me uní a la Comunidad Educativa del Centro de Integración Educativa, el CIE.

Estos dos grupos que al cabo del tiempo se convirtieron en el mismo grupo, definieron mi camino, lo repintaron y pude transitar por muchos claro y como eran claros, no hubo dudas… Esta decisión también la volvería a tomar.

Hoy por hoy decido todo lo que me concierne, no siento mayor conflicto en ello, gobierno mi vida como me place, a nadie le rindo cuentas, compro lo que quiero, vivo donde quiero, aunque siempre en el intento de responder a la misión que descubrí: “Mi vida es mi vida, pero con otros, con los que decidí que formaran parte de mi vida”.

Cuántos cuestionamientos tendrían para mí los jóvenes yo les respondería: ¡Nos vemos dentro de sesenta años!

Por todo esto, mis decisiones más que elecciones son respuesta a lo que voy descubriendo como una demanda de la vida. Me responsabilizo de mis actos, de lo que decido en la certeza de que no todo es para mí, precisamente por ello sopeso las consecuencias.

Me parece que ésta es la decisión de mayor trascendencia.

MARICHONI


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