Un personaje para elegir - Marichoni



Tú eres aquello que haces.
C. Jung.


Recuerdo a Walt Disney y la creación de tantos y tantos personajes que acompañaron mi infancia. Todos carecían de mamá y de papá, tenían hermanos, sobrinos, nietos, pero los papás no aparecían. Tal vez predecía la conformación de familias diferentes a la tradicional, que proponía roles definidos, desde su formación y así, hasta el final de sus días.


Surgió también Bob Clampett, autor de Piolín y Silvestre, para proporcionar a los lectores, la oportunidad de identificarse con el atrevido gato, que actuaba en directo o con el pájaro, que se resguardaba en su jaula para evitar los peligros. Dos puntos diferentes de vista para enfrentar la vida.


Quino y su fabulosa Mafalda, fue una creación para que ella y sus amigos hicieran la crítica a una sociedad que no reflexionaba, solo aceptaba posturas de vida que casi, casi, eran impuestas y sin alternativa de cambio. A partir de las respuestas. A partir de las ocurrencias del personaje, se cuestionó la actitud de la mujer encerrada en su casa considerada en ocasiones, una jaula, semejante a la de Piolín. Se hacía referencia a esa educación que no tomaba en cuenta los intereses de los niños, sino solo el proyecto de los adultos. Y si traigo a la memoria toda la literatura universal, desde el Quijote y Sancho Panza, creados por la genialidad de Cervantes, el teatro, las fábulas, los cuentos, todos tienen personajes que viven y hacen lo que una sola persona, con una sola vida, no alcanzaría a lograr pero que puede hacerlo a través de una novela, de una historieta o de un poema.


Y consideré la tarea de construir un personaje que dijera muchas de las cosas que me he quedado sin decir, a veces por guardar las apariencias, otras por miedo a romper la paz de un instante o por distracción., y pensé: ¿qué necesidad de decir cosas de vida sin que se enteren que soy yo la que las piensa? ¿por qué crear un personaje ajeno a mí? ¿por qué refugiarme atrás de alguien que disimule quién soy? Claro, por todo lo que he dicho.


Y Así imaginé pájaros mensajeros, gallos que despertaran conciencias, tigres que defendieran terrenos, águilas que alcanzaran alturas.


Y de todos esos personajes en los que pensé, creo que me quedo con el águila porque ve desde las alturas y no se ofusca, contempla todo el contexto. La elijo porque hace lo que le toca a ella: volar alto y enseñar eso a los suyos, sin querer correr porque ella vuela, sin desear ladrar porque no tiene con qué, sin anhelar el pelaje porque lo que tiene es el plumaje. Sí, elijo a esa águila que se acepta como águila y me enseña a aceptarme como soy, con lo que puedo decir y con lo que me conviene hacer, reconociendo que para eso vine al mundo. Además, el Águila es símbolo de mi nación, de esta tierra mexicana en la que nací y en la que he construido mi historia.


Espero que el águila a la que elijo acepte complementar lo que yo, por mi misma humanidad, estoy muy lejos de lograr, uniendo nuestros dos mundos: tierra y cielo, para que así, tal vez, puedan conjuntarse lo mejor de ambos, para ofrecerlo a los que amo por elección.



Imagen: Fotografía de Mathew Swarz en Unsplash

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