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Viajando - Anne Labrousse

Updated: Apr 20



Estoy, por fin, en el aeropuerto de Orly. Estoy con Tim y con Ian.  Ian apenas tiene tres años.

 

Desde un teléfono público, en la inmensa sala de llegadas, le hablo a mi madre para decirle que ya, hemos llegado.

 

Ella no tiene idea. Casi no contesta nada. Yo, estoy contenta, no sé porque.

 

Y, antes de cualquier cosa, como de la nada, suelta: Mamy, tu abuela, ha muerto. Hace un mes y nadie sabía donde estabas.

 

No lo puedo creer, no es cierto. Eso no puede ser!

 

Lloro, lloro, lloro a gritos. Tim se preocupa. No puedo dejar de decir, no es cierto, no es cierto.


Mi madre alcanza a decir: deja de llorar y vente aquí lo más rápido posible.

  

Entonces, me acuerdo. Me acuerdo de estos tres días viajando en la parte trasera de un camión de mercancía, de gasolina, de hecho, en pleno sol. Tres días.


El camión era del Sudán, el chofer, de Etiopia. Hablaba siete idiomas.


Tuvimos que evitar la frontera con Uganda porque en este entonces, había guerra en este país.


Por eso, el viaje fue tan largo.

 

Y no había nada que hacer.

 

Entonces, recordé que durante esos tres días, sólo pensé en Mamy. Feliz y nostálgica a la vez.

 

Mi prima y yo, en su cocina, pelando papas, lavando fresas, recogiendo grosellas y frambuesas en el jardín.

 

Recuerdo el café en la mañana, mi abuela de pie, frente a la estufa, preparando la comida del día.

 

Tanta intimidad, tanto calor humano.

 

Recordaba la puerta abierta hacía el jardín, el sol de verano, la perrita que entraba y salía.

 

Durante estos tres días, sólo pensé en mi abuela. Le pregunté que día había muerto Mamy.

 

Era exactamente cuando emprendimos el viaje en la parte trasera del camión, para ir a Kenya.



Ilustración: Fotografía en Unsplash de Ahmed

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