Espinas - Esther Solano

Updated: Jun 29



La rosa que dejó El Principito en el asteroide B612 tenía cuatro espinas con las cuales defenderse en su ausencia. Ella las comparaba con las garras de un tigre. Decía sentirse invencible, como debe sentirse la rosa de la pintura de René Magritte que crece dagas.


Aunque sea capaz de hacer brotar filosas cuchillas ¿la rosa es invencible? ¿invulnerable? ¿O puede ser víctima de un transgresor? ¿de una fiera o un hombre verdaderamente decidido a dañarla?


¿Pueden nuestras armas protegernos? ¿son un adorno fatuo? ¿Un accesorio inútil? ¿un intento de engaño? ¿Un disfraz que sólo pretende ocultar una debilidad relativa?


¿Cómo pueden las rosas mantenerse a salvo? ¿Están condenadas a ser víctimas? Quizás no son las espinas lo que las protege, sino la fuerza interior que les permite sobrevivir tormentas, transformar un suelo aparentemente árido, en pétalos.


Quizás son sus hermanas, porque juntas son una fortaleza impenetrable de tallos y espinas que las mantiene seguras.


Quizás no son las espinas.



Imagen: Rosa y cuchillo. René Magritte

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