Sherezada al atardecer – Esther Solano

Updated: Jan 30





Cada mañana al mirar por la ventana descubro el cuerpo exangüe de una mujer distinta. Yace muerta en la plaza frente al palacio. Pasó su última noche con el rey Shariar.


Casi siento lástima por él, tan pequeño, temeroso de ser traicionado. Sentiría lástima si su pequeñez no se contrastara con el inmenso poder que ostenta, al final no es más que un malvado monstruo que se alimenta de la sangre que corre por las venas de cada una.


¿Si fuera yo quien pasa la noche con él? Sería mi fin, pero al menos no vería este macabro espectáculo de cadáveres de jóvenes mujeres. ¡Qué paz saber que no veré ese charco de sangre! ¡Qué alivio dejar de temer ser la siguiente!


¿Cabe la posibilidad de jugar bien mis cartas? ¿Sería posible un final distinto?


No soy la más bella (o ya habría adornado la plaza), ni la del cabello más negro y sedoso. Sólo soy yo, Sherezada. Mi único poder es el poder de las palabras. Sé tejer historias. Según mi imaginación debajo de las arenas del desierto emergen magníficos tesoros. Puedo dejar correr cuarenta ladrones en tropel o incluso meter a un portentoso genio en una botella.


Esa es mi habilidad, la usaré para ganar una breve tregua, apenas el espacio entre el atardecer y el amanecer, con ello salvar a una sola de mis hermanas.


Una noche a la vez, una historia a la vez. Si fallo, al menos no atestiguaré mi fracaso. Pero si esa noche tengo éxito, quizás las siguientes también ¿por qué no engañar a la muerte y su emisario mil y una veces?





Ilustración: Louis Icart



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