
Carmina Hernández Encarnación
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Los sopes de mi infancia - Carmina Hernández Encarnación
A media cuadra de mi escuela primaria, una señora vendía sopes con la ayuda de su hija. Esos sopes solo eran con salsa roja o verde, queso Cotija y cebolla finamente fileteada, nada más, sin ningún ingrediente adicional. El costo era de quince centavos. No como quiera tenía yo cantidad semejante. Iba en el turno vespertino, la salida al recreo era como a las cuatro, más o menos muchos corríamos a comprar nuestro sope gigante. Hasta nuestra maestra Lourdes pedía el suyo.


























